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Citado en el libro "De qué hablo cuando hablo de correr" H. Murakami

jueves, 17 de septiembre de 2015

¿Un proceso ensimismado? #CervezasyPolitikon con Lluis Orriols

Lluis Orriols
Madrid 14/09/2015

Lluis Orriols [@LluisOrriols] es cualquier cosa menos un catalán triste. Aunque insista en ello, doy fe que no solo nos tuvo pendientes de sus palabras durante todo el tiempo que duró su exposición, sino que además consiguió arrancar varias carcajadas del público que llenaba a rebosar el Café Manuela.
Antes de escucharle, quizás por ello acudí, tenía catalogado a Lluis como "zorro". Ese prejuicio se ha ido formando tras leer varios de sus artículos, de sus tuits y sobre todo, de sus respuestas a aquellos que buscan en él un experto "erizo".
Su charla, "Un plebiscito para la independencia", constaba tres partes: antes, durante y después del 27S. La primera, a modo de resumen de la variación en el apoyo por parte de los catalanes a la independencia y la correlación con ciertos acontecimientos. La segunda, explicándonos para qué sirve una campaña electoral como la que estamos viviendo. Finalizó tratando de aventurar el 28S, con los datos disponibles hoy día.

¿Cuándo empezó todo?

Parece que la desafección*, el divorcio entre Cataluña y el resto de España, es una lluvia fina que lleva cayendo los últimos 10 años, durante los que se ha extendido la sensación de la existencia de "agravios de baja intensidad", pero es en 2010, con la sentencia del Estatut, cuando para muchos catalanes se acentúa la idea de que la puerta de la solución dialogada se ha cerrado. En 2012 llega la siguiente crisis, a juicio de Lluis, con dos elementos destacables:

a) La llegada al poder del PP (siempre que el PP accede al gobierno en Cataluña hay "terremotos")
b) La crisis de deuda. Cataluña, con un elevado déficit, no puede acceder a los mercados y necesita que España le preste, se convierte entonces en una especie de "troika". Esto, que sucede en todas las CCAA, se traduce en una cierta limitación del autogobierno y en el caso catalán produce un importante rebote del independentismo.

Un tercio de los catalanes viven "desconectados" de la realidad española. Esta cifra por sí sola es un problema muy serio, pero siempre ha sido un problema de una dimensión manejable. Ahora esos números han crecido y para entenderlo hay que observar al llamado "votante mediano".
El votante mediano es aquel que en una escala ideológica, deja tantos a su izquierda como a su derecha, en resumen, es el votante que decide.
En el caso de la cuestión territorial catalana, este votante es el federalista y muchos de ellos han decidido que si la cuestión se dirime entre el statu quo actual (no hay posibilidad de federalismo) y la independencia, se inclinan por la independencia. Representan un 8.2% de los que votarían "Sí" ante una eventual pregunta Si-No.

Estamos en campaña

Sí, y todos nos hemos preguntado alguna vez si ese derroche de medios y energía sirve para algo realmente. Las campañas electorales pueden producir cuatro efectos distintos, con un impacto muy diferente cada uno de ellos.
El primero y más importante es el de refuerzo de las preferencias de"los tuyos". A mucha distancia le sigue la activación del votante latente, es decir, lograr que acudan a votar, y en los dos últimos lugares están la conversión (cambiar el sentido del voto) y la desactivación (desanimar al votante de otra opción y conseguir que se abstenga).
A continuación, Lluis estudió cada uno de estos efectos en el caso concreto de Cataluña partiendo de lo ocurrido en la campaña de 2012 y extrapolando posibles comportamientos.
  • Refuerzo. La capacidad movilizadora del movimiento independentista es asombrosa, llevan cuatro Diadas llenando las calles. En la actualidad, la coincidencia (buscada) de la Diada con el inicio de la campaña electoral y la enorme polarización respecto a la cuestión nacional parecen dos buenas bazas para mantener movilizado al votante independentista.
  • Activación. Este efecto resultó crucial en 2012 para que los resultados del soberanismo se desinflasen: a última hora, el votante no independentista acudió a las urnas. En este punto es interesante mirar detenidamente a "Catalunya sí que es pot" (CSQEP), que agrupa a Podemos Cat., Iniciativa per Catalunya Verds, Esquerra Unida i Alternativa y Equo Cat. A fecha de hoy parece que está resultando una candidatura fallida porque tradicionalmente el votante eco-socialista es un votante muy movilizado, no está ocurriendo así en estas semanas, al contrario, el porcentaje de indecisos en esta órbita supera la media y cuando se les pregunta a los votantes de ICV pasa esto:

    Lluis nos explicó que los partidos necesitan siglas y/o líderes. Una formación nueva carece de siglas consolidadas por lo que necesita recurrir a un liderazgo fuerte. En este sentido son representativos los ejemplos de Ada Colau en Barcelona o Manuela Carmena en Madrid, dos nombres propios con una fortaleza muy superior al de sus siglas, no es el caso de CSQEP.

  • Conversión. Los votantes que cambian el sentido de su voto son aquellos que se sitúan en las fronteras porosas. Las más permeables de todas ahora mismo son las que existen entre el Partido Popular (PP) --> Ciudadanos (C's) por un lado y entre ERC (Junts pel Sí) <-->CUP por otro. El primer caso puede explicar la entrada en liza de Albiol (PP) que si bien limita el número de votantes, es una figura muy conocida que puede amortiguar esa fuga a favor de C's (si no puedes jugar por el centro, inténtalo por el extremo).
  • Desactivación. ¿La corrupción pasa factura a los partidos? preguntaron desde el público. Bueno, no tanto como podríamos pensar. Tal y como nos contó Lluis, una campaña negativa resulta muy útil cuando solo la realiza uno de los contendientes pero si el resto reacciona de la misma manera, el efecto que puede producir en el votante es el de conducirle a la abstención. Las acusaciones generalizadas de corrupción son leídas por parte del electorado como arma electoral.

¿Siguiente escenario?

La creación de la lista de Junts pel Sí (JpS) y el esfuerzo que dicho acuerdo supuso para los integrantes- se ha marginado a todos los cuadros medios de ERC y Convergencia - hacía presagiar que realmente había intención de plantear estas elecciones como medianamente plebiscitarias. A partir de cierto momento sin embargo, el discurso se orienta a considerar decisivos los escaños y no los votos. A juicio de Orriols esto lo rompe por completo, ya que si dichas elecciones han sido planteadas como plebiscitarias por JpS para poder demostrar que son mayoritarios, la carga de la prueba recae en ganar en número de votos.
Si se cumplen los vaticinios de la mayoría de encuestas (ojo, mientras escribo parece que las cosas pueden cambiar) y no se obtuviera la victoria en votos, el proceso se volvería autista.
¿Qué titularían al día siguiente Financial Times o The Economist? Se pregunta Lluis. "Han ganado en escaños" No. En ese escenario el proceso se ensimismaría y resultaría altamente imprevisible.
Pero ¿y si tampoco se obtuviera una mayoría de escaños? Nada impediría que preguntasen en el Parlament para conocer qué porcentaje de los votos de CSQEP es independentista.
Al contar escaños empieza el caos, solo la victoria en votos puede interpretarse como una forma concreta de mandato de los electores.


En este momento se inició el turno de preguntas. Si la charla de Orriols nos había mantenido pegados a la silla, las cuestiones planteadas por los asistentes no fueron menos interesantes.
Juzgad vosotros mismos (sin ánimo exhaustivo): 
  1. Efecto, si lo hubiera, de la no presentación de Albert Rivera como candidato en Cataluña.
  2. Al tratar de convertir unas elecciones autonómicas en plebiscitarias se anula la rendición de cuentas que todas las elecciones suponen. ¿Pasará factura a algún partido o al propio sistema?
  3. ¿Cómo asesorarías al PSC?
  4. ¿Frenaría el proceso una derrota de JpS?
  5. El debate está dominado por los sentimientos ¿tienen relevancia los datos?
  6. ¿Tendría recorrido un movimiento centralista (federalista)?
  7. ¿Por qué los "malos" (en asuntos fiscales) son los catalanes, cuando los vascos tienen el Cupo?
  8. Fractura social.
Fue en esta última pregunta cuando el tono del encuentro cambió. Hasta ese momento se habían analizado todas las aristas desde el punto de vista del "politólogo robot" (sic). Me fui de allí sabiendo y entendiendo muchas cosas que antes ignoraba, pero me llevé una sensación de profundo desasosiego. He tardado un par de días en transcribir mis notas, las he releído varias veces y también he recuperado artículos de Lluis, como el que os he enlazado al principio.
No sé lo que ocurrirá, no sé si la situación cambiará para bien y si, sea cual sea el resultado, seremos capaces de recuperar la convivencia que nunca debimos perder. No lo sé, pero sí hay algo que tengo claro: el lunes, un catalán encantador y nada triste, hizo un gran esfuerzo por proporcionar algo de luz a un público con ganas de comprender. Estoy segura de que en Cataluña se estará produciendo lo mismo y un extremeño, asturiano o madrileño, realizará el esfuerzo de analizar ante un público catalán, todas esas cosas que también a ellos les resultan extrañas.
Pues ahí, en ese esfuerzo por explicar y entender, está la esperanza.



(*) Desafección, ese término que empleamos tanto estos días, como quien alude a la indiferencia o a la falta de afecto, solo tiene una acepción para la RAE . Por mi parte, dejaré de utilizarla.

martes, 15 de septiembre de 2015

Hasta que la muerte nos separe.

Old Couple
Hasta que la muerte nos separe, palabras que decimos cuando aún no importa, cuando todavía es imposible. Tan lejana, que es para nunca.
No son palabras livianas ni cuando son promesa de amor eterno, pero nunca más falsas o hirientes que en los pequeños universos de los cementerios.

Allí las palabras se transforman en cubos con agua jabonosa y en paños que se humedecen. Son flores que se cambian, letras que se repasan, piedras que se acarician.
Y se llena el aire de gestos tiernos, de actos cotidianos, de ponerle bonito el sitio. De rozar el nombre como si algo más hubiera que una piedra trabajada y blanqueada con yeso.
Y se musitan oraciones y se escucha un "él" o "ella".

Porque la muerte los separó, pero lo hizo mal; dejó una parte olvidada que visita el cementerio y nota la cadena pesada de esas palabras.
Porque no lo hizo bien, tan solo los puso demasiado lejos para tocarse, pero olvidó cortar el hilo, que sigue vivo y aguarda.

Hasta que la muerte nos separe, no es buena cosa para decirle a nadie a quien puedas llegar a amar como se ama cuando nada te ha faltado por compartir. Porque la muerte no separa, tan solo aleja y te deja medio vivo.

Hasta que la muerte vuelva a juntarnos, es lo que dicen sus rostros, mientras pasan el paño humedecido, limpian las hojas secas y clavan los ojos en las letras blancas.





PD: Esto es lo que dice en la licencia de uso de la fotografía:
"Yo, el titular de los derechos de autor de esta obra, lo libero al dominio público. Esto aplica en todo el mundo.En algunos países esto puede no ser legalmente factible; si ello ocurriese:
Concedo a cualquier persona el derecho de usar este trabajo para cualquier propósito, sin ningún tipo de condición al menos que éstas sean requeridas por la ley"

Muchas gracias por tu generosidad, autor desconocido.
Ir a Wikimedia

domingo, 6 de septiembre de 2015

No eres tú, soy yo.

Tengo un conocido que es un artista de las relaciones personales. Le he observado negociando y casi siempre me dan ganas de aplaudir al terminar, a pesar de conocer con antelación el desenlace.

Un equipo le solicita permiso para realizar algo. Él escucha elegante, pregunta detalles, se interesa. El solicitante le va contando y por el tono de su voz se nota que cree que tiene el asunto zanjado y se ve cómo va planificando mentalmente. Entonces mi amigo, con su educada voz y sin modificar el tono cordial, le responde: "bueno, eso que dices no se podrá hacer pero es interesante, naturalmente, y si en algo puedo ayudarte, no dudes en decírmelo."
No falla, el aludido termina dándole las gracias.
Yo me río internamente imaginado al despachado absolutamente desconcertado, tan desconcertado como me quedé yo la primera y única vez que me lo hizo.
Me admira su capacidad para dar una negativa sin perder la elegancia, sin dar falsas excusas, sin alterarse ni pretender que le perdones. 

Hay otro tipo de negativas, por ejemplo, las que te dan a su pesar. Sabes que les gusta lo que propones, que lo creen bueno, que lo comparten, que lo harían !ay¡ pero tienen que decir que no y les duele hacerlo.
Este me pareció el caso de la representante del grupo gallego en el Congreso de los Diputados, cuando tuvo que anunciar su postura ante la PNL de los libros de texto. Finalizó su intervención con expresión triste: ojalá podamos llegar a un acuerdo para cambiar el sentido del voto.
Viéndola desde la tribuna me entró congoja y si hubiera podido hacer algo más que respirar, le habría dicho "va mujer, no te agobies, que sé que no es por tu gusto, que te lo ha impuesto el grupo".

Y luego están las negativas increíbles.
Son negativas increíbles las de los que se hacen trampas a sí mismos para llevar el asunto a su zona de confort y también las de los rencorosos, que esperan agazapados la menor ocasión para vengar una posible afrenta que alguien que no eres tú, pero está a tu lado, le hizo.
Aunque ambas tienen en común el hecho de que no te la dan a ti, pero la dan en tu cara, son muy distintas.
Mientras que los rencorosos no esperan tu perdón, su frase final suena a una especie de "Ahhh te j*des", los auto-engañados quieren zanjar el asunto con buen sabor de boca. Quieren que les digas que lo entiendes, que sus motivos son honorables, que pueden seguir dando lecciones urbi et orbi aunque para ello utilicen tu causa.
Vaya por dios qué mala suerte que me ha tocado a mi, con lo bueno que era lo mío...

Yo he visto ambos tipos en el Congreso de los Diputados. Unos me han enfurecido por mezquinos y otros por tramposos.

Y ocurrió que vi un enlace del señor diputado senador Don Ramón Espinar. Él mismo había compartido en facebook su intervención en el Senado, de lo que deduzco que, una vez escuchado, sigue pensando que hizo lo correcto. Voy a transcribir las frases que me hicieron saltar del asiento y que resumen el sentido de su votación:
"Nosotros defendemos los DDHH y los defendemos en cualquier lugar. Y Nosotros condenamos la resolución por vía judicial de cualquier tipo de conflicto político, así como condenamos cualquier violación de los DDHH allí donde se produzcan, de forma que nosotros estamos de acuerdo con el espíritu de la moción que ha presentado el Partido Popular y saludamos muy especialmente la enmienda presentada por el Partido Socialista, entendemos que llamar al diálogo es fundamental en cualquier conflicto y también en la situación que se está produciendo en Venezuela (...) Dicho todo esto el sentido de nuestro voto no va a ser favorable. Nos vamos a abstener, nos vamos a abstener en esta moción y nos vamos a abstener en esta moción porque entendemos que no es que al Partido Popular le haya dado de pronto un ataque de defensa de los Derechos Humanos, entendemos que ustedes (PP) hace tiempo que llevan queriendo situar la cuestión de Venezuela en la agenda pública para no hablar de los problemas de los españoles. Porque si ustedes señorías quisieran defender los derechos Humanos fuera de nuestras fronteras, no tendrían que irse tan lejos, aunque está bien que se vayan tan lejos..."
Mientras, en la tribuna, dos mujeres cuyos maridos están en prisión, le observaban. Puedo imaginar sin ninguna dificultad lo que sentían.

La moción presentada por el Partido Popular, cuyo espíritu compartía el señor senador, fue aprobada. La enmienda del partido Socialista, que tan especialmente saludaba el señor senador, también.
Pero aunque espíritu y detalle fueran de su agrado, no fue suficiente para lograr su apoyo.

La nueva política tiene tics muy viejos.

domingo, 30 de agosto de 2015

¿Qué hay de lo nuestro?

Hoy ha muerto Oliver Sacks
Este hombre me hizo llorar y enamorarme de él sin saber siquiera si era real o ficción. De él y de Robin Williams cuando, con 20 años, vi en el cine la película "Despertares".

Hoy he leído la columna de Ana Pastor titulada "A Palos" donde a través de tres fotografías, refleja el drama de los refugiados, en su mayoría sirios, que huyen de un infierno, atraviesan otro y llegan desfallecidos a nuestras fronteras.
He buscado esas tres fotografías concretas y para encontrarlas, he pasado varias horas viendo rostros, padres con niños en brazos caminando, madres besando a bebés bajo la lluvia, caras sonrientes haciendo el gesto de la victoria. Ha sido una cura de humildad que lejos de anestesiarme, lo ha puesto todo en perspectiva. Todo. El agua que sale del grifo, las niñas jugando en el jardín y pidiendo la merienda a gritos, mi carné de identidad en el bolso, las sábanas en la cama, el paseo por la calle o telefonear a mi padre para escuchar su voz. Todo. Saber que mañana es lunes y sonará el despertador, que habrá café en la cafetera y agua caliente en la ducha. Todo. Que besaré a mis hijas, a la que salta despierta y a la que hay que destapar para que abra los ojos. Todo. Y las dejaré dormir un rato más, porque nada malo les puede ocurrir en su casa. Porque su casa es casa, el lugar donde todos estamos a salvo.

Hoy he leído la carta de Felipe González a los catalanes, ayer la entrevista al Presidente del Consell de Mallorca
Unos hablan de deconectar de España, a veces porque dicen que les roba, a veces porque dicen que no les deja ser quienes son.
Otros hablan de que ser españoles les sale muy caro, porque por lo visto, los niños extremeños se lo gastan todo en tablets para estudiar, mientras "sus" niños, los de Mallorca, andan con pinturas viejas y gastadas.

Llevo semanas escuchando críticas, barbaridades, odios, alusiones al ADN, a la etnia, a la tribu. Discutiendo si nuestros antepasados son más de Francia y los tuyos de Portugal. Harta de ver personas que para defender una idea administrativa, necesitan aludir a la pureza de algo, lo que sea, lengua, música, literatura, sangre...
Harta de ver cómo el común nos contagiamos. Cómo proliferan las ofensas entre personas educadas, como nos sube la presión.
Yo misma esta mañana quería independencia. De todos ellos. De sus quejas y su ego. Estaba sencillamente hastiada de tanto malcriado que vivía en el mejor de los mundos posible y aún así se postulaba como víctima una y otra vez.
Víctima, que cuando abre el grifo, tiene agua. Que puede besar a sus hijos y desearles felices sueños. Víctimas que tienen un lugar donde descansar a salvo.

Envenenada, decidí desconectarme de cualquier cosa relacionada con política y solo leer artículos maravillosos sobre Sacks.
Hoy, una vez muerto, me ha vuelto a hacer llorar y me ha regalado lo que muchas veces dio a sus pacientes: una cierta paz mental.
Hoy he leído un tuit suyo, de hace tan sólo 7 días.



Así que le he hecho caso y he visto, sentido y escuchado:



Y ya no quiero independizarme de nadie. Porque tengo tanto, tanto tanto, en común con toda esa gente de Sabadell que se emociona y aplaude, con esa niña que trepa a la farola y dirige la orquesta, con esos padres que le muestran la maravilla a sus bebés, con ese hombre que se gira al escuchar las primeras notas, con ese otro al que se le abre la boca de admiración. Tanto, que al terminar me he escuchado decir: ¡¡¡Visca Sabadell!!!

Ese Himno es el espíritu de Europa. Esos refugiados en nuestras puertas, somos nosotros mismos a lo largo de nuestra historia. Por eso creamos la Unión.

Y he decidido cambiar la pregunta, así que:  Europa ¿qué hay de lo nuestro?

domingo, 23 de agosto de 2015

Hijos.

"Tener hijos es un acto de profunda irresponsabilidad" me dijo una buena amiga cuando le mostré mi íntima mezcla de felicidad y terror al saberme embarazada de mi primera hija.

No le faltaba razón, siendo como somos, de las personas que que no nos perdonamos un daño evitable o de las que hasta hace dos días, aspirábamos a controlar el futuro.

Hay tantos tipos de padres como hijos en el mundo. No solo porque igual que uno no se baña dos veces en el mismo río, no somos los mismos padres con cada uno de nuestros hijos, sino porque además, somos hijos de nuestros padres. Nuestra relación con ellos, los recuerdos felices y desgraciados son, para bien o para mal, nuestra referencia.

En los últimos meses, no sé si por búsqueda propia o casualidad, me he topado con conversaciones y artículos interesantes sobre la paternidad, la educación de los hijos y los motivos que llevan a decidirse a dar el paso.
Motivos económicos y racionales unos, puramente emotivos otros, y también los hay como ... "descuidaos". A fin de cuentas es bastante natural que no examinemos demasiado por qué hacemos aquello que podemos hacer sin necesidad de ningún requisito excepcional. Los humanos tenemos hijos. Es parte de esa rutina de la vida que uno no se cuestiona necesariamente.

Pue sí, si uno lo piensa detenidamente, tener hijos es firmar un contrato cuyo cumplimiento nadie puede garantizar a priori. Hace falta ciertas dosis de locura e irresponsabilidad para decirle a alguien: te protegeré siempre.

Pactar sin saber las condiciones. Regalar tu tiempo, tu descanso, tus posibles logros laborales, tu ocio. Saber que aunque el dinero nunca fuera determinante en tu vida, empezará a serlo, porque ya hay alguien a quien no va a faltarle nada fundamental si está en tu mano evitarlo.
Y por si esas condiciones fueran poco leoninas, encima son cambiantes. A medida que crezcan, habrás de hacerlo con ellos e ir adaptando tu estrategia: desde el principio, cuando los gestos lo son todo, pasando por la aceptación de tu opinión sin reservas, hasta llegar al momento en que tan solo suspiras porque te otorguen el beneficio de la duda.

Hoy he leído este artículo y me ha llamado la atención lo siguiente:
"Quisiera tener algún conocimiento de pedagogía...el suficiente para determinar a qué edad se da el paso de la obediencia mecánica a la racional"
Yo también me lo he preguntado. Es ese proceso brumoso en el que ya solo puedes confiar en que el amor y los hechos probados respondan por ti, y el respeto ganado a pulso supere el juicio. Si llegados a ese punto tus haberes no son suficiente, no hay nada que hacer: has perdido.

Pierdes, tu derrota será dolorosa y no hay nada que puedas hacer para evitarlo. Lo más j*dido de todo, lo que no pone en ningún contrato, es que ni siquiera podrás dejar de quererlos.

Recuerdo cuando me casé y me preguntaron aquello del amor para siempre. Era algo que me agobiaba mucho. Era mi intención, pero me parecía tan absurdo prometer algo que no estaba en mi mano cumplir, que cuando me interpelaron, introduje mentalmente un "intentarlo" en la frase.

Pues quizás sea la confesión de esa vulnerabilidad la que nos haga fuertes cuando llegue el momento de la obediencia racional, cuando para ellos sea relativamente sencillo olvidarte, ningunearte o escuchar con condescendencia tus argumentos. Tal vez entonces, es el momento de decirles que, sin embargo, tú no dejarás de quererlos.
Aunque quieras hacerlo no está en tu mano. Así son las cosas.

Es un contrato leonino al que no puedes renunciar aunque la otra parte lo haya hecho.
Y aún así lo firmamos, porque nada hay tan grande y hermoso en la vida, como asumir la responsabilidad de acompañar a un ser humano.







viernes, 14 de agosto de 2015

Resiliencia es una hermosa palabra.

Albert Einstein's exam of maturity grades (bw)

Por fotocopia digitalizada www.biografiasyvidas.com [GFDL], undefined
Vía Wikimedia

La definición de resiliencia que mejor conocía era la siguiente:
"capacidad de memoria de un material para recuperarse de una deformación, producto de un esfuerzo externo"
Si el esfuerzo aplicado prosigue más allá del límite elástico del material, éste plastificará, como el chicle o la goma justo antes de romperse y deja de ser lo que era.
Ser resiliente es una cualidad casi mágica que permite almacenar la energía que te deforma durante el período elástico, es una virtud propia de superhéroes.
Te estiran, cedes, te adaptas y cuando sueltan, vuelves a tu configuración original. Todo ese proceso sin dejar de ser lo que eras, sin romperte ni alterarte sustancialmente.

No elegimos el país, la ciudad ni la familia en la que nacemos y nos criamos, sin embargo de sus características dependerá buena parte de nuestro aprendizaje. En todos los sistemas educativos del mundo existe una relación favorable entre las buenas condiciones socioeconómicas del niño y sus resultados académicos. Factores como el nivel cultural de los padres, la disponibilidad de medios y entorno adecuado para estudiar, acceso a libros, información o el poder participar en actividades enriquecedoras y estimulantes, son características ligadas a mejores resultados. Y lo contrario, por desgracia, también es cierto.
Por eso es tan valioso un buen sistema educativo universal y público. Es la mejor manera de torcerle el brazo al azar y tratar de compensar la desventaja con la que parten muchos niños. Aún así, el lugar del que vienes y al que vuelves al terminar las clases, define tus oportunidades mucho más de lo que podríamos pensar. Es tan complejo y persistente el problema que en muchas ocasiones corremos el peligro de considerarlo un mal inevitable.

Bueno pues no, no siempre.
Entre nosotros habitan los resilientes, unos pequeños héroes que se empeñan en contradecir las tendencias y sobreponerse a sus condiciones de partida, arrojando unos resultados que a priori, no esperaríamos de ellos.

Este informe analiza dónde están, cuántos son y en qué sistema. También analiza las circunstancias en las que es más probable que esa resiliencia se manifieste.
Los puntos de partida:
  • Alumno "desfavorecido": aquel incluido en la categoría "pocos recursos" del índice de Recursos Educativos en el Hogar. En líneas generales, son alumnos que dicen disponer de menos de 25 libros en casa, no tener un sitio propio para estudiar ni conexión a internet y ninguno de sus padres tiene estudios más allá de la Secundaria.
  • El alumno es "resiliente" cuando sus resultados en la prueba estudiada (TIMSS 2011) son iguales o mejores que la "Referencia Internacional Media"(*).
Las conclusiones:
La primera es que hay más alumnos resilientes en los sistemas educativos con mejores resultados. En principio, cuantos menos alumnos desfavorecidos haya en un sistema educativo, mayor será el porcentaje de resilientes entre ellos, pero no siempre (ver el caso de Hong Kong vs Rumanía). Es decir, cuanto mejor el entorno, mejor para todos.

La segunda nos dice que tener aspiraciones mejora el resultado. Desear ir a la universidad puede ser una característica que te haga hasta un 78% más probable de ser resiliente, frente a no desearlo. Algo similar ocurre con la importancia que le conceden a la materia que estudian (en este caso concreto, matemáticas).

La tercera me resulta especialmente grata. En muchos sistemas educativos es un 75% más probable ser resiliente si eres de los que cree que tu profesor te considera capaz de obtener buenos resultados. Es aquello de la "confianza que te vuelve confiable".

Y la cuarta es muy obvia: el acoso es una peste que estropea lo que toca.

Estas son las que me han parecido más destacables pero hay otras, que afectan al centro escolar más que al alumno, que también son interesantes. Merece la pena leer el informe completo.

Esas conclusiones son enseñanzas que ayudan a mejorar el sistema. Son pistas para futuras políticas educativas, medidas que ha de ser probadas y evaluadas de nuevo para ver si arrojan resultados positivos o no. Es la manera en que el sistema permanece en evaluación continua, la única manera de corregir deficiencias y potenciar fortalezas.

Pues para estas cosas sirven las evaluaciones del aprendizaje, por eso son necesarias y deseables. Y por eso actuamos en contra de nuestros propios intereses - y lo que es peor, el de nuestros niños - cuando utilizamos los análisis y sus resultados como arma arrojadiza, ya sea política (entre partidos políticos), política (público vs privado), o política (grupos que utilizan la evaluación del sistema como evaluación del alumno).

Pero yo todo esto lo explico muy mal, así que por favor, leedla a ella, a la directora del Instituto de Estadística de la UNESCO.


Nota: Como curiosidad, los dientes de lapa y la seda de araña son los materiales conocidos más resilientes. Un respeto por los bichos pequeños.

martes, 28 de julio de 2015

Repetir curso. Lo que los profesores saben y los padres aún tenemos que aprender

Iba a escribir sobre libros de texto.

Otra vez el día de la marmota, lo sé. Pero es que Ciudadanos, a través de Luis Garicano, ha explicado su proyecto para la Educación en España, y se me ha llenado Twitter de menciones. Propone que los libros de texto sean “gratis”, los coles los presten a los niños y éstos los devuelvan al acabar el curso, pagándolos solo en caso de estropearlos de forma deliberada o similar. También propone reducir las repeticiones, por ser un sistema fallido que además, resulta carísimo.
Y se lió el debate.

No sé si es característica nuestra, no sé si es el sesgo de Twitter o de las personas a las que sigo, pero hay que ser muy perseverante para debatir con posturas e ideas preconcebidas tan arraigadas que se han convertido en dogmas de fe. Pero hay que hacerlo porque siempre merece la pena.
Iré por partes.

Repeticiones. 

Como dicen los expertos, repetir no es un sistema deseable si el objetivo es reducir el abandono temprano y mejorar la formación básica.

Sería soberbio por mi parte entrar a discutir en esos términos y no lo voy a intentar siquiera. Yo os voy a dar la visión de alguien interesado en el tema que antes, mucho tiempo ha, creía en la disciplina y las consecuencias como regla de oro. Pero ya no. Al menos no, como regla infalible, general y estricta.

Entre una postura y otra han pasado años, la disposición adicional quinta de la LOMCE y sobre todo, la maternidad propia y ajena.

Repetir un curso en primaria es casi anecdótico, al menos hasta 5º o 6º. Los problemas empiezan en la ESO y no solo los escolares, empiezan todos los problemas. Porque repetir es un “castigo” demasiado a largo plazo cuando tienes 13-14 años, como para que sea efectivo.

Cuando un chaval lo hace tan mal durante el curso, como para llegar a ese extremo, no suele ser por incapacidad, sino por otro tipo de motivos. Solucionarlo, separándole de sus compañeros - en un momento en que la pertenencia al grupo lo es TODO -  obligándole a trabajar de nuevo materias que cree que ya conoce, enfrentarle a lo mismo que ha odiado o que considera que es incapaz de aprender,  - porque tal o cual materia “se le da fatal” -  haciendo exactamente lo mismo que hizo mal el año anterior, no parece un método muy eficiente.

Foto: hdimagelib.com
A los 14 años ante esa situación, muchas veces lo único que se consigue es el pasotismo total, la demostración fehaciente de que “el mundo me es hostil”, el aburrimiento y la rebeldía absurda cuando no, la inseguridad o el miedo. Y te plantas en los 14-15. Y ven los 16 tan a la mano, que saben que tiene la partida ganada a sus padres. Y lo que es peor, los padres se dan cuenta que, efectivamente, tienen la batalla casi perdida.

Padres que pasan del enfado y el castigo, a la negociación y la casi súplica, cuando ven horrorizados que su hijo, que era un chaval listo y “bueno”, está a punto de dejar de estudiar, con la soberbia propia de la adolescencia.
Si repetir fuera una buena solución, en España no tendríamos un problema de abandono escolar temprano como el que tenemos.

No sé cual es la receta, no sé si hay una única receta, pero estoy segura que esperar a solucionar el problema en el peor momento para hacerlo, es como esperar a beber cuando tienes mucha sed, en una carrera de larga distancia.

Nuestros hijos no son nosotros. Su mundo no es el que fue el nuestro. Su educación no puede ser la que nosotros recibimos y “nos fue de maravilla”. Ellos han cambiado mucho más rápido que nosotros y que los métodos y sistemas aplicados. Y aún más lentas que todo eso, son las políticas educativas en España. No confiamos en los expertos, no respetamos la profesión lo suficiente como para preparar a los mejores y dejarles hacer. La política entra a saco y todos queremos ver objetivos y resultados estandarizados.

Tenemos serios problemas para experimentar, medir resultados y rectificar. Los padres somos cobardes en general y creemos que hay un momento para empezar a pensar, cuando en realidad sabemos que la educación comienza con el primer hálito de vida.
Protegemos de lo inocuo, no dejamos que asuman pequeños riesgos, penalizamos el error, tratamos de asegurar unos mínimos. Enseñamos que guardar los talentos es una cosa prudente y sensata.

Foto: Flickr Creative Commons License
Los profesores, “corrigen”. Las respuestas erróneas, restan puntos. El rincón de pensar, es un lugar donde te castigan. No experimentamos mucho y trivializamos actividades fuera del circuito académico tradicional, que otros sistemas valoran. Son habilidades que consideramos inútiles, casi un entretenimiento.

El día que un adolescente te dice muy serio: “he aprendido que para encajar, no hay que destacar” es un día muy triste. Tal vez fue suficiente, en algún momento, ver cuánto podía dar de sí un joven. Creo que es mucho mejor, no intuir siquiera, hasta donde podría llegar.

Cuando leí el libro de Harari, entendí por primera vez, que la riqueza de la humanidad no era un pastel concreto a repartir, sino uno que crece, en el momento en que se termina el sistema de trueque y comienza el de la confianza en la obtención de frutos futuros. A veces pienso que en este tema seguimos en la economía del trueque, pretendiendo solucionar problemas diferentes, aplicando estrictamente las mismas reglas.

Aprender a aprender, me enseñaron unos cuantos maestros en San Sebastián. Aprender a seleccionar y combinar la información disponible, que cada vez es mayor, y construir nuevas cosas a partir de ella. Ser capaces de unir puntos aparentemente inconexos y plantear problemas diferentes.
Nuestros hijos tendrán que pasar toda su vida aprendiendo. Los cambios en su vida serán muchísimo más rápidos que los que vivimos nosotros. Nadie podrá permitirse el lujo de dejar de aprender constantemente. Y no sé si es eso lo que estamos “enseñando”.

Tal vez mi hija se olvide a los 5 minutos de los ríos de su Comunidad, pero me mostró un estudio tan sofisticado sobre los éxitos y trayectoria de las estrellas de YouTube que me dejó boquiabierta.
No sé si recordará la fórmula de la ecuación de segundo grado, pero es capaz de encontrar y utilizar la aplicación gratuita que necesita para hacer una reseña sobre su novela favorita para la clase de lengua, con U2 sonando de fondo -mamá no me digas que los conoces (¡)-  y lograr que todos sus compañeros deseen leer el libro. Un fin de semana trasteando con imágenes, vídeos, canciones y textos adolescentes en inglés. Y al final todos preguntando: “¿cómo has hecho eso? Eso no lo hace la aplicación que manejamos en el cole.”

¿Ha demostrado saber lo que le habían exigido o ha ido un paso más allá?
Ha descubierto, y yo con ella, que los caminos propuestos no son únicos y que a veces ni siquiera son los mejores.

Hay muchos expertos, muchos profesores y estudiosos que saben cómo hacer las cosas, hay recursos y los niños españoles nos son más tontos que los de otros países. ¿Entonces?

Creo que deberíamos tomarnos tan en serio la educación de las próximas generaciones, como para tener la humildad de atrevernos a cambiar, dejar de crear leyes educativas como quien inaugura pantanos y comprender que la educación básica es una base que se desarrolla a lo largo de muchos años permitiendo que los profesores desarrollen esa tarea adecuándose a los tiempos: experimentar, evaluar y cambiar el rumbo cuando sea preciso.


No, no sé cómo hacerlo, tan solo intuyo que lo que fue suficiente para mi, no lo será para mis hijas.

jueves, 23 de julio de 2015

El cuadro impresionista de la pobreza

Autor invitado: @Demostenes_av


Los últimos días ha habido una cierta polémica acerca de dos artículos de Joaquín Leguina, primero en El Mundo, luego en El País, con una aparición televisiva en La Sexta entre medias. En los tres casos ponía en duda la fiabilidad de las estadísticas sobre pobreza, a menudo presentadas por ONGs.

Como suele pasar en estos casos, en mi no experta, aunque creo que válida, opinión, el señor Leguina tiene parte de razón, y en parte se equivoca. Personalmente, no me cabe la menor duda de que las estadísticas son correctas. Otra cosa muy distinta es la labor de comunicación que se hace con ellas.

Parte del problema es lo que se llama “Falacia de composición”. Para entender un mundo complejo, los humanos tendemos a hacer simplificaciones de lo que nos rodea. Y a veces, eso nos puede jugar malas pasadas si simplificamos en exceso. En particular, solemos hacer generalizaciones como si grupos extensos de personas fueran homogéneos, cuando en realidad no lo son. Tomamos el todo como si fuera más de lo mismo de una de sus partes. Eso explica en parte los prejuicios contradictorios sobre ciertos grupos. Por ejemplo, para algunos los empresarios (todos) son malvados explotadores, mientras que para otros (todos) son verdaderos héroes generadores de puestos de trabajo… No es que un prejuicio sea correcto y el otro no. Más bien, se trata de grupos extensos en los que hay de todo y uno puede encontrar ejemplos tanto de una postura como de otra (aunque no siempre en la misma proporción, claro está). Lo que es incorrecto es generalizar a todos  los miembros del grupo como si fueran iguales, cuando no es así. Dejarse llevar por un prejuicio, positivo o negativo, es correr el riesgo de convertir al otro en alguien que no es.

Foto por Jan Truter, via Flickr (Creative Commons)

En este caso uno piensa en “pobres” y quizá le venga a la cabeza alguien viviendo en la calle y sin recursos, como las personas de la foto. A alguien quizá le sugiera alguien a quien le cortan la luz o el agua. Otra persona incluso pensará en simplemente no poder tomarse una caña en un bar, o irse de vacaciones. Y aquí está el problema. Es muy difícil definir qué es ser “pobre” de una forma en la que todos estemos de acuerdo. A ello se le añade que la información y las medidas que hay disponibles son todas imperfectas. Algunas, de hecho, muy imperfectas, con ejemplos de falsos positivos. Lo que no quiere decir sin embargo que no sea información útil y relevante, sobre todo tomada en conjunto.

¿Hay un 22% de pobres en España? Decir rotundamente “si” es probablemente falso. La respuesta más honesta que puedo dar, y hasta donde yo sé, que tampoco es tanto, es que depende de a que se refiera uno con “pobre”. Si estamos pensando en personas sin ingresos ni hogar, con toda seguridad no. Si pensamos en una definición mucho más “ligera” y general de gente con pocos ingresos que pasa apuros económicos, posiblemente sea una aproximación que no ande muy desencaminada, pero perderemos de vista la gravedad de la situación de los primeros. En cualquier caso, si intentamos describir una situación compleja como si todos los afectados fueran iguales, acabaremos con una imagen bastante alejada de la realidad. Lo que sabemos no proviene de mirar un gran número redondo, como 22%, sino distintos tipos de estadísticas, que van dando pinceladas que no siempre coinciden perfectamente, pero dibujan en líneas generales un mismo cuadro impresionista que observado desde una cierta distancia proporciona una imagen bastante clara.

La crisis se ha cebado especialmente en los sectores de la población con menos ingresos. Más allá de donde pongamos el umbral exactamente, la pobreza, en un sentido amplio, está aumentando en España, la gravedad de la situación de quienes ya tenían dificultades se está acrecentando, y hay poca controversia al respecto. Como me decía esta mañana en Twitter el sociólogo Pau Mari Klose, una veintena de indicadores apuntan en la misma dirección de forma consistente. Y esto es lo que Joaquín Leguina, incluso estando quizá de acuerdo, omite mencionar en sus artículos.

Ello no implica que la labor de comunicación de estas estadísticas esté exenta de crítica. Leguina tiene parte de razón en que a menudo se usan brochazos gordos y un tanto arbitrarios para simplificar en exceso una situación llena de matices y que parezca aún más grave de lo que ya es. Habrá quien justifique esta estrategia como una forma de movilizar a las masas en favor de una causa que se considera justa. Personalmente, yo prefiero tener una imagen más fidedigna de la situación, aunque sea a base de pequeñas pinceladas imperfectas, porque de lo contrario acabaremos aplicando las recetas equivocadas sobre un borrón difuso y con poco parecido con la realidad. No es posible darles de todo a todos, simplemente porque no tenemos los recursos para ello. Además, no todas las personas con problemas económicos necesitan una casa, ni todas pueden aprovechar un trabajo, o les solucionas los problemas con una prestación. Sólo haciéndonos una idea detallada de cuáles son las necesidades reales de la gente a nuestro alrededor podemos aspirar siquiera a ayudarles de forma efectiva. De lo contrario acabaremos intentando ayudar no a esas personas, sino a una caricatura de las mismas que sólo existe en nuestras cabezas. Y todo por no ser capaces de hacer el esfuerzo mental de ver que el mundo es más complicado y diverso de lo que nos gustaría pensar. 

sábado, 11 de julio de 2015

La política.

Éste, probablemente será un post naif. Me gusta la definición, porque me parece que nada naif puede haber en hacer algo deliberado.
Voy a escribir sobre Grecia y la Unión Europea como una "cuñada*" profesional, ni siquiera me voy a limitar, como hago tantas veces, a retransmitir de una forma más o menos literal lo escuchado en el último encuentro en el bar "Los Diablos Azules", donde dos estudiosos del asunto como son Ignacio Molina y Alejandro Barón, nos ilustraron entre cañas, oscuridad y una deliciosa temperatura.
Desde el anuncio del referéndum, hasta este mismo momento, creo que he leído, pensado, escuchado y hablado tanto sobre Grecia y la UE que me parece que el debate siempre ha estado ahí.
Semejante atracón de noticias, la rapidez de los cambios, la virulencia de las reacciones, todo lo que ha rodeado y rodea al enorme problema económico y político al que se enfrenta Europa, ha hecho florecer filias y fobias, intereses y miedos electorales, ha mostrado sectarismos en los medios de comunicación, periodistas haciendo política y también, periodistas haciendo periodismo.
No recuerdo dónde leí aquello de que solo se necesitan héroes cuando se va perdiendo la batalla, pero se levantó el telón y ése fue el escenario en el que entramos todos.
Nos hemos metido en la épica de Leónidas , hemos mencionado fábulas de cigarras y hormigas, hemos hecho de todo esto una lucha de superhéroes y súpervillanos. Era difícil no tomar partido. Estabas con el Bien, o con el Mal. Con los pobres o los usureros, con los trabajadores o con los vagos, con el Pueblo o el Capital.


Y todo lo que iba a escribir en este post se acaba de ir a paseo....................


Así cerré el borrador anoche, tarde, demasiado tarde para un jueves de una semana de calor infernal y trabajo agobiante.
Con esa mezcla de enfado y tristeza que te incapacita para escribir nada coherente, nada útil ni siquiera para entenderte a ti misma, apagué el ordenador.

Estaba furiosa porque se había publicado la propuesta de los griegos a Europa. Una propuesta que se pongan como se pongan los defensores de Syriza, era demasiado parecida a la rechazada por el 61% de los votantes, en el "histórico" Referéndum del domingo.

Estaba triste, también. Porque aunque desde el principio, el Referéndum me había parecido un acto irresponsable por parte de su gobierno (sí, no solo la pregunta, el modo y la causa me parecían dudosos, sino que abría la puerta a que el resto de los países europeos hicieran lo propio, y dejara de hablar la diplomacia para que hablara la ira del contribuyente), es que la única explicación que se me ofrecía a semejante contradicción, era que no había sido la respuesta a una pregunta, sino algo mucho más complicado.

Durante todo el tiempo el referéndum fue para unos ( la mayoría de los representantes europeos ), un sí o no, a la permanencia de Grecia en Europa, y para los otros ( en especial el gobierno griego ), una herramienta que permitiría negociar en mejores condiciones con los acreedores - triste momento aquel, en que los países que un día éramos compañeros de viaje en la constitución de Europa nos volvimos "acreedores" y "deudores" -.
Y si la última interpretación me parecía una mentira tan absurda que nadie podría creerla, la primera me producía un rechazo profundo.
Echar a un país del euro, según dicen,no es tarea sencilla, y da la impresión que hay que "animarle" a irse. Eso pasaría, pensaba yo, por el ostracismo, por la muerte económica total. No solo me parecía cruel, sino que pensaba que el posible castigo pendería cual espada de Damocles, sobre todos aquellos que algún día faltaran a sus deberes.

Soy naif, soy infantil o romántica, pero no estúpida. Ninguna organización humana puede sobrevivir sin hacer honor a la palabra dada, pero tampoco sin un margen para la fraternidad. No es que no sea posible, es que carece de interés embarcarse en semejante asunto.

Varoufakis, la estrella rutilante de carácter arrebatador salió, dimitido, subido a su moto. Se nos fue parte de la épica, de las ganas de hacer historia, de demostrar que los 300 de Leónidas esta vez no morirían, sino que aplastarían a Jerjes con todo el peso de su "superioridad moral", de su determinación y compromiso.

Pero mi enfado y mi tristeza venían, no de un posible acuerdo (que desde el principio deseaba), sino como ya he dicho antes, de la explicación posible a la inmensa contradicción que suponía preguntar a un pueblo si quiere una cosa, animarle a que la rechace con todas sus fuerzas porque ello le haría más fuerte para aspirar a algo mejor y acto seguido pactar algo muy parecido a lo rechazado.

Si yo, que deseaba el acuerdo como el mal menor, estaba estupefacta, no podía siquiera imaginar la cara de los ciudadanos griegos. No solo de aquéllos que habían demostrado a su "líder" que le seguirían al infierno si era preciso, votando "NO", sino de aquellos otros que habían clamado que aquello era un suicidio colectivo aceptando con su "Sí" las duras condiciones que seguro les esperaban.

Y ¿cuál era esa explicación "mucho más complicada"? La dada por el periódico The Guardian, que citando como fuentes a parlamentarios de Syriza, explicaba que "el gran No recibido en el referéndum representaba un voto de confianza en Tsipras, quien tenía apoyo popular para imponer tales medidas dolorosas, como ningún otro antes".

Y me pareció tamaña deslealtad a su gente que me deprimí cuando me explicaron que tal vez hubiese sido la única estrategia posible para que los ciudadanos griegos aceptasen transitar el camino que les esperaba.
Utilizar las herramientas de la democracia, decirle a unos ciudadanos que eran capaces de decidir su destino histórico, tan solo para llevarles, hasta el río, cual flautista de Hamelin, de forma ordenada y sin demasiaso alboroto en las calles.

Mi opinión de Tsipras no podía ser peor. La idea de que esa conducta fuera necesaria, incluso, aceptable, me repugnaba hasta la náusea.

Y entonces me topé con Max Weber (miento, lo busqué, porque una idea suya, citada por Ignacio Molina, me daba esperanzas de encontrar algo de lógica en tanto sinsentido) y leí su conferencia "La política como vocación", impartida en 1919.

"Toda acción éticamente orientada puede ajustarse a dos máximas fundamentalmente distintas entre sí e irremediablemente opuestas: puede orientarse mediante la “ética de la convicción” o conforme a la “ética de la responsabilidad” (...) Cuando las consecuencias de una acción realizada conforme a una ética de la convicción son malas, quien la ejecutó no se siente responsable de ellas, sino que responsabiliza al mundo, a la estupidez de los hombres o a la voluntad de Dios que los hizo así. Quien actúa conforme a una ética de la responsabilidad, por el contrario, toma en cuenta todos los defectos del hombre medio (...) y no se siente en situación de poder descargar sobre otros aquellas consecuencias de su acción que él pudo prever. Se dirá siempre que esas consecuencias son imputables a su acción. Quien actúa según la ética de la convicción, por el contrario, sólo se siente responsable de que no flamee la llama de la pura convicción, la llama, (...) Prenderla una y otra vez es la finalidad de sus acciones que, desde el punto de vista del posible éxito, son plenamente irracionales y sólo pueden y deben tener un valor ejemplar. Nadie puede, sin embargo, prescribir si hay que obrar conforme a la ética de la responsabilidad o conforme a la ética de la convicción, o cuándo conforme a una y cuándo conforme a otra. Lo único que puedo decirles es que cuando en estos tiempos de excitación (...) veo aparecer súbitamente a los políticos de convicción en medio del desorden gritando: “El mundo es estúpido y abyecto, pero yo no; la responsabilidad por las consecuencias no me corresponden a mí, sino a los otros (...) cuya estupidez o cuya abyección yo extirparé” (...) Tengo la impresión de que en nueve casos de cada diez me enfrento con odres llenos de viento que no sienten realmente lo que están haciendo, sino que se inflaman con sensaciones románticas. Esto no me interesa mucho humanamente y no me conmueve en absoluto. Es, por el contrario, infinitamente conmovedora la actitud de un hombre (...) que siente realmente y con toda su alma esta responsabilidad por las consecuencias y actúa conforme a una ética de responsabilidad, y que al llegar a cierto momento dice: “No puedo hacer otra cosa, aquí me detengo”. Esto sí es algo auténticamente humano y esto sí cala hondo"
Y bueno, ya no sé qué pensar. Si la convocatoria del referéndum me pareció un acto producto de la "ética de la convicción" con consecuencias no medidas y responsabilidad despreciada, su utilización en una estrategia dentro de la "ética de la responsabilidad" me descoloca.
Ojalá se hubiera dicho la verdad, o al menos no se hubiera mentido tanto. Ojalá fuera todo menos turbio. Ojalá, más soportable.
No lo sé. Solo me queda la esperanza que Europa esté cerca del sitio donde la imagino y deseo. Responda con generosidad, juego limpio y pensemos que nuestros errores hacen creer a algunos, que este tipo de trampas son necesarias.

Y mientras termino el post más largo de mi vida, en el parlamento griego, están debatiendo la mencionada propuesta del gobierno de Tsipras a las Instituciones europeas. Y estas cosas se dicen:
Juzguen ustedes la vigencia de lo escrito por Weber hace casi 100 años.

PD: En este post iba a mencionar al padre Declan (sí un cura de verdad), que tuvo la amabilidad de explicarme en unos cuantos tuits, la dichosa parábola del hijo pródigo. Y no,  no va de un hijo sinvergüenza al que premian solo por lamentarse y un hermano trabajador que tiene que ver cómo su esfuerzo no vale nada y pagar la fiesta.
No, va de dos hijos que querían al padre cada uno por su propio interés y un padre que los amó tanto, como para aceptarlos siempre.
Era demasiado fácil la analogía.
Gracias "pater".

domingo, 5 de julio de 2015

Preguntas y respuestas (la otra cara del despilfarro de comida).

Autor invitado: Manuel Bruscas
@Manuel_Bruscas

“¡Ay!, al camino recto, por el más torcido,
vengo directo, ¡ay!, a hablar contigo
de nuestros derechos constitutivos”
(Roberto Iniesta)
 Hace unos días abrí en Change.org una petición para que la Comisión Europea obligue a los supermercados a donar la comida que les sobra, a ONGs y entidades sociales. En realidad se trata de una acción promovida desde varios países europeos y está inspirada en el éxito logrado por Arash Derambarsh, quien hace escasas semanas logró que el gobierno francés aprobara una ley similar. Queremos lograr 1 millón de firmas, y de momento, en apenas 2 semanas, llevamos ya 525.000 y algunos medios están empezando a hacerse eco de la iniciativa.
Una pregunta sacude mi cerebro “¿Por qué he iniciado esta petición?”. Necesito una respuesta. Sí, soy un tipo existencialista.  
  • La respuesta racional.
Echo la vista atrás. Todo empezó hace casi 4 años. Una tarde Celia (mi mujer) y yo estábamos ordenando las estanterías de casa y había comida caducada. La lanzamos a la basura y a los dos nos recorrió un sentimiento de culpa. Celia me dijo: “Igual podríamos pensar algo para no tirar comida…”. Y me puse a investigar y a leer. Y descubrí el gran drama de nuestros días: en el mundo hay más de 800 millones de personas que pasan hambre y mientras tanto un tercio de la comida que producimos acaba en la basura. Entre kafkiano y vergonzoso. Y comencé a escribir sobre este asunto. Primero tuve la suerte de conocer a Gonzalo y a Lula, autores del blog 3500. Grandes personas los dos, me han brindado su estupendo blog en varias ocasiones para contar esta triste historia del despilfarro. Más adelante el destino quiso que Jordi Évole y el maravilloso equipo de "Salvados" dedicaran un programa al despilfarro de comida. Y allí hablé de la fruta fea y recordé que nadie en el mundo tendría que pasar hambre. Desde entonces he seguido escribiendo al respecto, me he reunido con muchas personas de la industria alimentaria, he participado en debates y conferencias, he colaborado con ONGs y he conocido a muchas buenas personas. En todo este tiempo, lo que más ilusión me ha hecho es que me contactaran personas que no conocía para pedirme consejo sobre cómo podían crear algún proyecto para acabar con el despilfarro de comida. Pero sentía que tenía que dar otro paso en este camino contra el despilfarro. Y abrí la petición, con ganas de seguir por el camino recto, que quizá es el más torcido. O viceversa. Pero…
  • La respuesta emocional.

El otro día estaba paseando con Celia y nuestra hija de 7 años. Les dije: “Vamos ya por 17.000 firmas”. Mi “canija” aún está algo liada con las decenas de mil y le dije que eso eran 17 veces mil, pero no estoy seguro si lo entendió. Me dijo “¿Para qué firma la gente?”. “Pues para que la comida que sobra en las tiendas se la den a los que no tienen nada que comer”. Y ella me dijo “Claro, papi, es una gran idea. Es lo que se tiene que hacer. Igual puedes contactar al presidente de La Tierra para que firme”. Y entonces me di cuenta. La pregunta correcta no es “¿Por qué he abierto la petición”?. La pregunta adecuada es “¿Por qué no la he abierto antes?” Y es que es de sentido común, es lo correcto: sobra comida, hay gente que no puede acceder a una alimentación digna. No hay mucho más que añadir. Porque…

  • Los sueños y la fraternidad.
…porque vivimos en un mundo imperfecto. Pero está en nuestras manos rebelarnos contra las injusticias. Es el momento de reivindicar la “fraternidad”, el patito feo de la Revolución Francesa. Soñar despiertos, mantener despiertos los sueños. Nunca había pensado que una recogida de firmas tuviera mucho valor, hasta que descubrí que la autora de este blog (sí, hablo de Elena Alfaro) había conseguido recoger 300.000 firmas para que los libros de texto tuvieran un precio justo, porque hay muchas familias que no pueden pagar la educación de sus hijos. Elena persistió, y consiguió que el Congreso de los Diputados aprobara una iniciativa inspirada en su reivindicación. Así que sigo soñando, y sigo recogiendo firmas. Porque es mejor hacer algo que no hacer nada.  
Por último, quiero darle las gracias a Elena. No la conozco en persona, pero hemos intercambiado mails, hemos hablado por teléfono alguna vez y hace un tiempo escribimos un artículo a medias. Ella es una optimista irredenta y es tan buena gente que me ha cedido su blog para que os hablara de este asunto. Lo bueno de Elena es que está siempre abierta a debatir y eso que discrepamos en algunos temas (Pablo Iglesias y su mirada es el tema estrella). A los dos nos apasiona la música, así que me tomo la libertad de cerrar el post con una canción. He escogido ‘Send Away the Tigers”, de Manic Street Preachers. Una canción que me transmite fuerza, ganas de cambio e inconformismo.

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