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Citado en el libro "De qué hablo cuando hablo de correr" H. Murakami

domingo, 5 de julio de 2015

Preguntas y respuestas (la otra cara del despilfarro de comida).

Autor invitado: Manuel Bruscas
@Manuel_Bruscas

“¡Ay!, al camino recto, por el más torcido,
vengo directo, ¡ay!, a hablar contigo
de nuestros derechos constitutivos”
(Roberto Iniesta)
 Hace unos días abrí en Change.org una petición para que la Comisión Europea obligue a los supermercados a donar la comida que les sobra, a ONGs y entidades sociales. En realidad se trata de una acción promovida desde varios países europeos y está inspirada en el éxito logrado por Arash Derambarsh, quien hace escasas semanas logró que el gobierno francés aprobara una ley similar. Queremos lograr 1 millón de firmas, y de momento, en apenas 2 semanas, llevamos ya 525.000 y algunos medios están empezando a hacerse eco de la iniciativa.
Una pregunta sacude mi cerebro “¿Por qué he iniciado esta petición?”. Necesito una respuesta. Sí, soy un tipo existencialista.  
  • La respuesta racional.
Echo la vista atrás. Todo empezó hace casi 4 años. Una tarde Celia (mi mujer) y yo estábamos ordenando las estanterías de casa y había comida caducada. La lanzamos a la basura y a los dos nos recorrió un sentimiento de culpa. Celia me dijo: “Igual podríamos pensar algo para no tirar comida…”. Y me puse a investigar y a leer. Y descubrí el gran drama de nuestros días: en el mundo hay más de 800 millones de personas que pasan hambre y mientras tanto un tercio de la comida que producimos acaba en la basura. Entre kafkiano y vergonzoso. Y comencé a escribir sobre este asunto. Primero tuve la suerte de conocer a Gonzalo y a Lula, autores del blog 3500. Grandes personas los dos, me han brindado su estupendo blog en varias ocasiones para contar esta triste historia del despilfarro. Más adelante el destino quiso que Jordi Évole y el maravilloso equipo de "Salvados" dedicaran un programa al despilfarro de comida. Y allí hablé de la fruta fea y recordé que nadie en el mundo tendría que pasar hambre. Desde entonces he seguido escribiendo al respecto, me he reunido con muchas personas de la industria alimentaria, he participado en debates y conferencias, he colaborado con ONGs y he conocido a muchas buenas personas. En todo este tiempo, lo que más ilusión me ha hecho es que me contactaran personas que no conocía para pedirme consejo sobre cómo podían crear algún proyecto para acabar con el despilfarro de comida. Pero sentía que tenía que dar otro paso en este camino contra el despilfarro. Y abrí la petición, con ganas de seguir por el camino recto, que quizá es el más torcido. O viceversa. Pero…
  • La respuesta emocional.

El otro día estaba paseando con Celia y nuestra hija de 7 años. Les dije: “Vamos ya por 17.000 firmas”. Mi “canija” aún está algo liada con las decenas de mil y le dije que eso eran 17 veces mil, pero no estoy seguro si lo entendió. Me dijo “¿Para qué firma la gente?”. “Pues para que la comida que sobra en las tiendas se la den a los que no tienen nada que comer”. Y ella me dijo “Claro, papi, es una gran idea. Es lo que se tiene que hacer. Igual puedes contactar al presidente de La Tierra para que firme”. Y entonces me di cuenta. La pregunta correcta no es “¿Por qué he abierto la petición”?. La pregunta adecuada es “¿Por qué no la he abierto antes?” Y es que es de sentido común, es lo correcto: sobra comida, hay gente que no puede acceder a una alimentación digna. No hay mucho más que añadir. Porque…

  • Los sueños y la fraternidad.
…porque vivimos en un mundo imperfecto. Pero está en nuestras manos rebelarnos contra las injusticias. Es el momento de reivindicar la “fraternidad”, el patito feo de la Revolución Francesa. Soñar despiertos, mantener despiertos los sueños. Nunca había pensado que una recogida de firmas tuviera mucho valor, hasta que descubrí que la autora de este blog (sí, hablo de Elena Alfaro) había conseguido recoger 300.000 firmas para que los libros de texto tuvieran un precio justo, porque hay muchas familias que no pueden pagar la educación de sus hijos. Elena persistió, y consiguió que el Congreso de los Diputados aprobara una iniciativa inspirada en su reivindicación. Así que sigo soñando, y sigo recogiendo firmas. Porque es mejor hacer algo que no hacer nada.  
Por último, quiero darle las gracias a Elena. No la conozco en persona, pero hemos intercambiado mails, hemos hablado por teléfono alguna vez y hace un tiempo escribimos un artículo a medias. Ella es una optimista irredenta y es tan buena gente que me ha cedido su blog para que os hablara de este asunto. Lo bueno de Elena es que está siempre abierta a debatir y eso que discrepamos en algunos temas (Pablo Iglesias y su mirada es el tema estrella). A los dos nos apasiona la música, así que me tomo la libertad de cerrar el post con una canción. He escogido ‘Send Away the Tigers”, de Manic Street Preachers. Una canción que me transmite fuerza, ganas de cambio e inconformismo.

4 comentarios:

  1. Hola a todos. Manuel es estupendo y aunque he sentido deseos de eliminar la parte en la que me echa tantas flores, no lo he hecho porque aquí somos muy respetuosos con lo que la gente desea publicar. Sirva esto como descargo a la falta de humildad clamorosa que supone publicar un post donde hablan bien de ti mismo.
    Y dicho esto, voy a molestarle un poco. Es broma, Manuel y yo tenemos discusiones épicas a través de whatsapp, y es cierto que discrepamos mucho, pero ambos aprendemos del otro, y creo que eso nos hace volver una y otra vez a la polémica.
    Porque nos apreciamos y partimos de la base de que ambos somos personas con buenas intenciones y dispuestos a reconocer nuestros errores como único camino hacia el entendimiento.
    Es un gusto hablar con él.

    Yo firmé su petición (¡cómo no hacerlo!) pero hay una pequeña parte que creo que sería modificable.
    Me refiero a la obligatoriedad que se solicita.
    Tal y como le he comentado a él, entiendo que hay que empezar por el 100%, pero creo que sería más efectivo, mucho más, no obligar, sino pedir que se "incentive" a las empresas que lo hagan.
    Cuando uno hace algo porque le da la gana, lo hace mejor y muchas más veces que si le obligan.
    Cuando uno ve que además de hacer un bien, recibe una respuesta positiva de sus clientes, lo hace todo el rato ;)

    Y por último, incentivar frente a obligar permite que cada empresa, según su tamaño (no es lo mismo una cadena que un supermercado de barrio), pueda elegir la manera de lograr el objetivo según sus características y posibilidades, sin que el legislador, que suele ser muy torpe entendiendo las particularidades de cada uno, le haga hacer lo que no puede, o le cueste tanto que acabe odiando la medida.

    En fin, que si lo que queremos es lograr el fin perseguido, las maneras en las que se hace pueden ayudar o dificultar su consecución.

    Hala, ya lo he vuelto a hacer. Siempre acabo discutiendo con él ¿No es maravilloso tener amigos que te estimulan tanto?

    ¡Gracias Manuel!

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  2. Demóstenes6/7/15 10:35

    Elena ya sabe que cuando oigo algo, tiendo a ponerme en el lado contrario, bien como crítico, bien como abogado del diablo, al menos inicialmente.

    Por un lado no puedo más que aplaudir la iniciativa. Parece una cosa lógica y sensata. Pero aparte del matiz de la obligatoriedad que mencionaba Elena, me parece que peca de falta de concreción. Por ejemplo:

    * ¿Que significa "que le sobra a los supermercados"? Con respecto a la "fruta fea" esta claro, pero para lo demás, ¿que es? ¿Comida caducada? Si es así podemos estar poniendo en peligro la salud de las personas a las que intentamos ayudar... En este punto cabe hacer la diferencia entre la fecha de caducidad y la fecha de consumo preferente. O quizá sea necesario plantear un mecanismo para analizar la comida y ver que siga siendo apta para su consumo... no se, es un riesgo que hay que considerar.

    * Luego está la logística del transporte. En general las ONGs que ya están recogiendo comida de los supermercados son las que se encargan de ir a recogerlo, pero ¿que pasa desde el punto de vista de la obligatoriedad si no son capaces de asumir ir a todos los supermercados, o si no hay una ONG cercana?

    Estas cosas seguramente se harían más sencillas si en vez de ser obligatorio, se potenciase mediante incentivos, por ejemplo una pequeña rebaja fiscal a quien done a ONGs comida que esté al menos uno o dos días dentro de la fecha de caducidad. De esa forma los supermercados sacan un beneficio de algo que iban a tirar, el gobierno consigue comida a un coste menor que el de mercado, las ONGs consiguen esa comida y nadie tiene problemas si por circunstancias no es posible realizar la donación

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    1. Demóstenes, esta vez te has puesto de mi lado, lo siento XDDD

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    2. Demóstenes6/7/15 18:32

      No te preocupes, ya te llevaré la contraria la próxima vez ;D

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