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Citado en el libro "De qué hablo cuando hablo de correr" H. Murakami

lunes, 20 de febrero de 2017

¿Desigualdad? Es posible que no lo esté entendiendo bien

Autor invitado: @Demostenes_av


Si hay un concepto que aparece una y otra vez en el debate público sobre economía y sociedad desde que comenzó la crisis es "desigualdad". Se han escrito artículos, blogs, incluso libros bestsellers y sesudas tesis académicas. Pero tengo la sensación de que para el gran público, e incluso para muchos expertos, el término ha degenerado un poco y se ha convertido en un mantra, eslógan a eslógan.

Vamos a empezar por algo que es básico y poco controvertido, pero es olvidado a menudo: lo que conocemos como "desigualdad" dentro de una sociedad* es un fenómeno complejo, con muchas dimensiones, que no se captura bien sólo con un número, como puede ser por ejemplo el índice de Gini de la distribución de ingresos. Expertos mundiales en desigualdad como Branko Milanovic (por ejemplo aquí) indican que dependiendo del aspecto que se quiera investigar, en unas ocasiones será más útil ver la distribución de ingresos, otras la de riqueza, y en otras ocasiones la de consumo. Si solo nos quedamos con que el Gini de ingresos de España está en 34.6 en 2015, estamos viendo sólo una parte muy pequeña del cuadro entero.

Ahora voy a ir un paso más allá. Esto hace que a veces nos estemos concentrando en el dato equivocado. No es que seamos tontos, o nos engañen, tiene su razón de ser, como veremos más adelante. Pero la desigualdad no es siempre lo realmente importante, y esto explica muchas cosas.

Antes de que mis lectores más LET saquen el champán y los más prosociales dejen de leer despavoridos ante tamaña herejía, les pido un poco de paciencia a ambos, ya que creo que tanto unos como otros no terminan de enfocar el tema correctamente.

Mi argumento es que cuando vemos un caso de desigualdad económica dentro de un mismo país como algo negativo e indeseable, en realidad lo que nos preocupa es otra cosa que vemos consecuencia de esa desigualdad. Algunas de estas cosas pueden ser:
  • pobreza material absoluta, es decir, no tener suficiente para vivir
  • exclusión social debida a pobreza material relativa
  • incertidumbre de cara al futuro por tener un patrimonio reducido
  • falta de igualdad de oportunidades
  • tensiones sociales por envidias o por injusticias percibidas
  • acumulación excesiva de poder en manos de la gente con más recursos
  • "extracción de rentas" y corrupción
  • etc.
El punto clave es que ninguna de ellas es inevitable o se deriva automáticamente de la existencia de desigualdad económica. Es posible, al menos teóricamente, tener alta desigualdad sin tener apenas pobreza material absoluta, o con baja pobreza relativa respecto de los ingresos medianos, o sin que haya acumulación excesiva de poder. Es más, con o sin desigualdad, puede darse una de esas situaciones sin que se den las otras.

En esto radica el carácter "multidimensional" de la desigualdad: en realidad no es una sola cosa, sino muchas cosas distintas, relacionadas con la desigualdad económica pero a veces causadas o limitadas por muchos otros factores distintos e independientes.

Si mi vecino tiene más dinero que yo, o una casa más grande, o un coche mejor, no tiene por que ser malo o injusto. Puede ser una consecuencia de la diferencia de preferencias, de las decisiones que hemos tomado cada uno, o simplemente de la suerte. Puede ser debido a que yo tenga 30 años y mi vecino 50 y simplemente yo no haya tenido el mismo tiempo tiempo para ahorrar que él. Una cierta desigualdad no tiene por qué ser algo a evitar si no se da también a la vez una o varias de las situaciones de la lista anterior.

Es importante darse cuenta de esto, porque es lo que posibilita hacer un diagnóstico adecuado. La reducción de la desigualdad económica no puede ser un objetivo absoluto, ya que hay muchas formas de intentarlo, pero no todas resultan efectivas para reducir los problemas reales que hay debajo.



Veamos un ejemplo. Hace unos años una persona de un foro me estuvo insistiendo en la necesidad de limitar por ley los ingresos anuales a un millón de euros. En 2014 Pablo Echenique planteaba en Twitter la conveniencia de poner un impuesto del 95% a las rentas altas, postura que repitió hace unos días en un programa de televisión, y que en la práctica viene a ser lo mismo. Fuera del papel, que todo lo aguanta, lo que esto quiere decir es que la gente que pueda ganar más de esa cantidad límite posiblemente abandonase el país, o al menos trasladase la sede fiscal de sus negocios a otra parte.

Sin duda esto daría lugar a una distribución más igualitaria de los ingresos, al menos formalmente. Sin embargo, sabemos que en España durante la crisis la desigualdad no creció por el aumento de ingresos del 1% más rico (como sí ha pasado en Estados Unidos por ejemplo), ya que su proporción con respecto del total ha permanecido estable o incluso ha disminuido durante la crisis. La causa principal, por el contrario, ha sido la caída de los ingresos del 30% más pobre de la población. En entornos académicos (al parecer no tanto en los políticos) ese dato está más que asumido.
Porcentaje de ingresos totales obtenidos por el 10% y el 1% más rico
Fuente: The World Income and Wealth Database
Si adoptásemos una medida semejante, e incluso ignorando el efecto sobre el empleo de esta fuga de las rentas más altas, ello no significaría ni un euro más para la población más pobre. Quizá haya quien crea que sí, que tendrían que dejar aquí sus propiedades y que éstas podrían ser repartidas. No es el caso, salvo que estuviésemos dispuestos a saltarnos el ordenamiento jurídico nacional e internacional, y sólo conseguiríamos que perdieran valor. Otros quizá argumenten que los ingresos que no obtuvieran los más ricos acabarían fluyendo hacia los demás, pero estaría cayendo en el error de creer que una economía es un juego de suma cero, cuando hay sobrada evidencia de que no es así. Lo más probable en ese caso sería una contracción de la economía, en lugar de una redistribución de la misma.

De esa forma, con buenas intenciones pero un mal diagnóstico habríamos reducido la desigualdad de ingresos sin solucionar absolutamente nada, y más que probablemente sólo habríamos conseguido empeorar la situación de muchos en el camino. Lo que en algunos supuestos, como el caso de la existencia masiva de "élites extractivas" podría llegar a tener sentido, en otros se vuelve contraproducente.

Eso no quiere decir que no se pueda hacer nada. Por comparar, una alternativa de las muchas posibles sería una subida moderada de impuestos distribuida entre toda la sociedad que no expulsase a nadie pero permitiera mayores ayudas hacia los más pobres. O políticas activas de empleo que les facilitasen formación adecuada a los parados y aumentasen la posibilidad de conseguir un trabajo. Esas serían otras formas claras de reducir la desigualdad económica que sí estarían atacando un problema concreto y real. Pero claro, eso podría afectar negativamente a más gente que pagaría más impuestos, o producir efectos sólo a medio o largo plazo, por lo que resultan planes más difíciles de vender.

Hay quien diría que la mejor forma de reducir la pobreza a largo plazo es reduciendo las trabas burocráticas a las empresas para aumentar el empleo. Si bien es posible, también puede que eso acentuase (o no) la desigualdad económica. No quiero enzarzarme en ese debate ahora, ya que es complejo. Pero bajo esta nueva perspectiva quizá ese debate se pueda realizar de forma más sosegada y centrándonos en problemas concretos, que tal vez tengan otras soluciones, y no en la desigualdad como concepto abstracto.



¿Por qué esa fijación con la desigualdad entonces? ¿Por qué hay gente muy lista "perdiendo el tiempo" con eso? En parte se debe la búsqueda de igualdad de resultados, que puede ser criticable (antes he dado ejemplos) pero es abrazada por muchos como ideología de base. Sin embargo, y desde posturas más pragmáticas y menos ideológicas, creo que también es porque simplemente, no les queda otra opción. En un mundo tan complejo, a veces nos encontramos con la limitación de cómo obtener los datos necesarios para poder sacar conclusiones basadas en algo objetivo. 

La desigualdad de ingresos es algo medible más o menos fácilmente gracias a las agencias gubernamentales que recaban esa información para los impuestos. La de riqueza es más difícil de medir, pero se puede estimar (con muchas salvedades e imperfecciones, como hay que matizar cada vez que sale el informe de Oxfam, por ejemplo). Para estimar la de consumo hay que tirar de encuestas. Pero la incertidumbre, la igualdad de oportunidades o la extracción de rentas, son conceptos fáciles de definir pero muy, muy difíciles de medir bien, y menos en plazos cortos de tiempo para ver su evolución. La pobreza absoluta sí se puede medir fácilmente, pero es sólo una parte de la historia, como muestra la aparición de indices más completos pero difíciles de interpretar como el AROPE. Por ello, seguir la evolución de la desigualdad económica es importante porque, aunque sólo sea un indicador imperfecto, es de lo poco que podemos medir de forma mínimamente adecuada a corto plazo.

Y no nos engañemos, aunque la desigualdad pueda no ser siempre la causa directa de muchas consecuencias negativas, ciertamente está correlacionada con ellas. Es difícil que haya una desigualdad alta y no haya algo más a la vez, y sería bastante ingenuo ignorar la llamada de atención que supone un incremento pronunciado. 

Por lo tanto la desigualdad económica, en sus múltiples vertientes, es un indicador que debemos seguir con atención. Eso no quiere decir que debamos caer en el fetichismo de pensar que la desigualdad es siempre el problema, la enfermedad y no sólo el síntoma de la misma. Es una forma casi segura de gastar esfuerzos sin solucionar nada en realidad.



* En todo este artículo me he referido a la desigualdad económica entre individuos de la misma sociedad o país. La desigualdad entre países, de lejos la más relevante a nivel global, tiene un tratamiento algo distinto. En particular porque algunas de las situaciones que entre individuos se pueden considerar como algo a corregir, entre países se ven como "normales" o "aceptables", aunque desde una perspectiva universalista ello no tenga mucho sentido. Ésto lleva a aparentes contradicciones como que quienes luchan activamente contra la desigualdad económica dentro de un país o región puedan a la vez oponerse a perder riqueza o ingresos en favor de otras zonas más pobres. Éste es un debate que dejo para otro momento para no extenderme demasiado aquí.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Un mueble, un lavabo y tres cajones.

El otro día Alberto (@pmarsupia) se preguntaba en twitter por qué necesitaba tener un papel delante para pensar. Yo le respondí que no lo sabía, pero que yo necesitaba discutir.
Cuando una idea me ronda la cabeza como una especie de bruma suelo contársela a varias personas. Tras cierto tiempo, pueden ser horas o días, acaba tomando forma o se evapora definitivamente.
Hablar me ayuda a perfilar, ajustar, corregir y sobre todo me ayuda a librarme de prejuicios e ideas erróneas. Cuando debato sé que no estoy en posesión de la verdad y agradezco argumentos que me desmonten porque para eso debato. Para ayudarme a pensar mejor. Es una gimnasia excelente y no tiene un campo específico en el que aplicarse: abarca toda tu vida.
Pensar de una manera aseada es algo realmente fértil.
Últimamente me altera debatir y no es porque no me den la razón, o me la quiten demasiado a menudo, sino porque está dejando de ayudarme a pensar.
Cada vez más me encuentro con que el problema infranqueable no es de conocimientos sino de honradez.
Solo con el bagaje que llevamos dentro del cerebro, deberíamos ser capaces de llegar a conclusiones sofisticadas, a demostrar el teorema de Pitágoras o la suma de 100 números de Gaus. Sí, cualquiera puede hacerlo con su armamento de serie, pero tenemos que saber pensar y reconocer cuándo nos hacemos trampas.
Cuando a una premisa respondemos con una conclusión que no se deriva de ella, no estamos siendo agudos, estamos haciendo trampas. Cuando relacionamos conceptos que no se deducen uno del otro solo para inducir una idea, que nada tiene que ver con el debate y sí con nuestra ideología, en la cabeza del "contrincante", cuando cambiamos de asunto mientras el otro está respondiendo a nuestra cuestión inicial, y tantas otras triquiñuelas, no estamos usando ese arsenal con el que venimos equipados los humanos. Estamos resultando irritantes, quemando oxígeno inútilmente y haciendo perder el tiempo y el humor al que nos escucha.
Quizás necesito debatir porque me centra. Soy dispersa (relaciono cosas dispares constantemente) y tratar de explicarle a alguien mis argumentos me obliga a hacer el esfuerzo de hilarlos, comprobar que uno lleva a otro y que no he pegado un par de saltos en el espacio. Por eso los debates tramposos me molestan especialmente.
Esta semana la he pasado haciendo algo que me resulta muy placentero: parametrizar modelos.
Trataré de no ser muy pesada explicándolo pero quiero hacerlo bien para que se entienda qué tiene que ver con el asunto del debate.
Imaginemos que tenemos que hacer un lavabo, un mueble para colocarlo debajo y queremos que ese mueble tenga cajones. Pongamos 3 cajones.
Modelo un lavabo con un diseño muy sencillo, luego modelo un cajón muy básico y por último el mueble que alojará los cajones y soportará el lavabo.
Al lavabo le asigno unos parámetros que yo defino y nombro, por ejemplo: AN_ lavabo (Ancho del lavabo), LA_ lavabo (largo del lavabo), AN_ seno (ancho del seno del lavabo) y así.
Con el cajón hago lo mismo. Incluso el material es un parámetro: Madera lacada.
Con el mueble, otro tanto. Defino su altura (H_ Mueble), su anchura (AN_ Mueble), el grosor de los tableros que lo forman (GR_ Mueble) y su material. Lo dejaré ahí por no complicarlo sin necesidad.
Una vez que tengo esos tres elementos con sus parámetros fundamentales definidos, los ensamblo y relaciono esos parámetros. Así por ejemplo, los cajones no pueden ser ni más ni menos anchos que el mueble y la suma del fondo de los tres cajones (altura del cajón) no puede ser mayor que la altura total del mueble, o no me cabrían. Fácil ¿verdad?

Lo bonito del asunto es que yo no asigno valores a todas esas características. Yo no sé si el mueble tendrá 60 cm de ancho o 90, si medirá 1.2m de alto o 2m. No sé si el primer cajón tendrá menos fondo porque servirá para guardar cosméticos y los otros dos serán más profundos porque son para toallas. No sé cómo la gente querrá usar ese mueble, ignoro cuáles serán sus necesidades concretas.
Solo puedo establecer relaciones jerárquicas entre esos parámetros que he asignado de manera que cuando un usuario ponga: "mueble de 60 cm de ancho", los cajones y el lavabo obedezcan también. Y si alguien desea tener un mueble de 90 cm de altura con 3 cajones de 45cm de alto cada uno, el modelo diga: nanay, eso no es posible.

Parametrizar es una tarea silenciosa y agradable y te enseña ciertas cosas. Te enseña que cuando estás definiendo los parámetros iniciales de cada objeto y sus relaciones internas (mueble, cajón y lavabo) no debes ser demasiado estricto y condicionar más de lo imprescindible, porque cuando montes el conjunto se bloquearán unos a otros e inevitablemente fallará y no responderá a tus requisitos: estará "hiperconstreñido".
También te enseña a averiguar qué causa cada problema. A veces un cambio resuelve un problema concreto y es agradable pensar que uno ha dado con la solución, pero no es cierto.
Cuando haces un modelo parametrizado, lo sueltas en manos de personas que no saben nada de sus tripas y no tienen por qué saberlo. Lo prueban, meten sus valores, lo adaptan a sus necesidades y te llaman a gritos porque algo ha fallado. Así pues, encontrar la relación que realmente falla, no apañar, es necesario ya no sabes a qué necesidades tendrá que adaptarse tu modelo.

Y aquí viene la relación con el debate. Hay que definir los conceptos, relacionarlos jerárquicamente y detectar los fallos con honestidad. Si no se lleva a cabo escrupulosamente, el conjunto fallará y solo servirá para 1 tipo de mueble, con 1 tipo de cajones y unas dimensiones determinadas. Los debates que producen ese tipo de resultados son un desperdicio muy caro. Consumen muchos recursos y apenas sirven para nadie y para casi ninguna situación.

Y por eso creo que sería bueno que los niños aprendieran a parametrizar. Porque enseña a pensar, planificar y relacionar. Aprendes a no controlar más de lo debido y a aceptar que los resultados que obtienes pueden proceder de la interacción de muchos factores que ni siquiera ves.

Es como, creo, ha de ser una política pública. Tan compleja por dentro como sea necesario, flexible y fácil de aplicar en diferentes contextos, por fuera. Y si no es así, será un fracaso. Porque las personas no se adaptan a los muebles ni a las políticas, sino que ambos se diseñan para ellas. Para ayudarles a tener una vida mejor.

Y este rollo es lo que pensaba contar en twitter. Afortunadamente antes del segundo tuit tuve un golpe de sentido común y abandoné. Sé que sería un ladrillo injusto para la mayoría, pero a mi me resulta fascinante.

martes, 15 de noviembre de 2016

Esto no va (sólo) de Trump

Autor invitado: @Demostenes_av


Esto no va de Trump. Bueno, o si. Más bien va de sus votantes, y de las críticas que se pueden hacer hacia ellos.

Se quejaba hace poco Daniel Lacalle de que desde los medios se les caracterizara como "viejos, paletos y tontos". Lo cual no deja de tener su punto de razón. En efecto, las encuestas a pie de urna nos dicen que los votantes de Trump en estas elecciones viven mayoritariamente en el medio rural o de las ciudades más pequeñas, mientras que los de Clinton abundan más en las grandes ciudades. También nos dicen son predominantemente hombres blancos, sin título universitario, y de edad avanzada, incluso más que en anteriores elecciones con otros candidatos republicanos. Sin embargo, estas estadísticas muestran que hay una mayor frecuencia en una dirección u otra, pero de ninguna manera que todos los votantes de Trump respondan al mismo perfil. No son todos clones iguales fabricados según el valor más frecuente de cada pregunta realizada. Hacer como si así fuera es sobresimplificar de forma ridícula, y además es inútil ya que sólo nos puede llevar a conclusiones erróneas. Cada votante es un mundo y sus circunstancias y las causas por las que decide votar una cosa u otra, casi infinitas. 

Incluso si fuera así -que no lo es-, traducir "sin titulo universitario" por "paletos", por ejemplo, es de un clasismo notable. Otras circunstancias, como la presunción de cosmopolitismo por vivir en una ciudad grande, pueden tener algo más de base, pero sigue siendo una generalización grosera que de nuevo resulta errónea.

Aparte de diferencias demográficas y socioeconómicas, otros estudios también muestran diferencias de actitudes entre los votantes de ambos candidatos, como es de esperar entre Republicanos y Demócratas. No sólo en cuestiones como economía, sino en otros temas sociales y de valores. Por ejemplo, sólo el 7% de los votantes de Trump piensan que el sexismo sea un gran problema, o el 21% que lo sea el racismo, frente al 37 y 53% respectivamente en el caso de los votantes de Clinton. Algo similar puede decirse de la desigualdad. posesión de armas, del cambio climático o de varios otros temas. Es especialmente destacable la diferencia de perspectiva frente a la inmigración ilegal, con solo un 20% de los votantes de Clinton diciendo que es un gran problema y un 79% de los de Trump opinando que sí lo es.

Sin embargo, hay que poner estas estadísticas en su justo valor. Esto no quiere decir que el 79% de los votantes de Trump sea racista, sino que pueden perfectamente no serlo pero considerar que hay suficiente igualdad garantizada por ley, que no es en absoluto lo mismo. Y en ningún caso se trata de todos los encuestados. Aun así, indica una diferencia en prioridades en diversos temas.

Muchos medios han podido utilizar simplificaciones de ese tipo en su afán por informar cuanto antes. La sorpresa por el resultado ha sido mayúscula para muchos, y odiamos las cosas que pasan sin explicación. Es normal que todo el mundo se ponga a buscar causas, con mayor o menor fortuna, tanto en medios como en redes sociales. Pero el que algunos que critican a Trump y sus votantes usando simplificaciones idiotas (y me reafirmo en el término, que he usado en una conversación previa en Twitter), no quiere decir que todo el mundo que les critique esté cayendo en el mismo error. Puede que caigan en otros. Pero intentar rebatir cada crítica con el mismo "no hay 59 millones de paletos en EEUU" resulta también bastante absurdo si el otro no está diciendo que los haya.

El artículo de Lacalle, sin embargo, parece pecar de lo mismo que critica. Mientras reclama que se analice el tema desde la perspectiva de que hay más factores que tienen que ver en la decisión y que no se denigre a sus votantes, parece centrar su justificación en la reducción de impuestos y reducción de la burocracia que aparece en el programa del presidente electo (y omite hablar de cosas como su proteccionismo económico). De acuerdo en que ese es en efecto un factor, pero el caso sigue siendo que ese único factor habría pesado más que los otros aparentes defectos de Trump, un candidato al que buena parte de su propio partido se negó a apoyar.

En concreto, si hay una cosa que sí una a todos los votantes de Trump de forma inconfundible es que... bueno, que han votado a Trump. Un presidente electo que durante la campaña ha hecho propuestas xenófobas, que amenaza con deportaciones masivas, no demuestra una gran sensibilidad hacia las mujeres, ha amenazado con perseguir judicialmente a su contrincante si ganaba las elecciones, que estaba dispuesto a no aceptar el resultado de las elecciones si perdía, y que ya ha hablado de revocar leyes a favor de los colectivos LGTB. Solo por ese hecho ya deberían poder sacarse algunas lecturas.

¿Quizá creen, como algunos aquí, que lo que se ha visto de Trump es realmente sólo un personaje y que no se comportará como hasta ahora? ¿O que los Checks and Balances del gobierno americano (Congreso, Senado y tribunales) limitarán sus medidas más extremas? Puede ser. Son críticas en mi opinión bastante más relevantes que las de Lacalle en la mayor parte de los análisis más mesurados. Pero el resultado de las elecciones, unido a los estudios sobre actitudes ya mencionados, hace cuando menos sospechar que a muchos votantes republicanos, como poco, no les preocupan demasiado cosas que en Europa probablemente descalificarían directamente a un candidato, fueran cuales fueran sus propuestas económicas. 

De hecho, si el caballo de batalla era la economía, ¿por qué consiguió Trump la nominación como candidato del partido republicano, habiendo otras opciones de agenda económica similar dentro del mismo partido? ¿Por qué una palabra mal dicha en un debate le cuesta la carrera presidencial a unos, y una serie continua de despropósitos públicos han acabado con Trump en la Casa Blanca a pesar de todo?

También resulta interesante que el resultado de la elección está marcado porque a pesar de los escándalos, Trump ha perdido sólo unos pocos votos con respecto a los candidatos republicanos en las dos elecciones previas, mientras que Clinton obtuvo muchos menos votos demócratas que Obama en las dos elecciones anteriores. Si nos ponemos a hablar de valores, quizá sea relevante hacerlo no sólo sobre los que votaron a Trump, sino sobre los de los votantes tradicionalmente demócratas que en esta ocasión decidieron abstenerse

Por algún motivo, lo que pudo ser una movilización ciudadana en defensa de derechos civiles y de las minorías ante el que era casi universalmente reconocido como el peor candidato que podría haber presentado el partido republicano, quedó relegada a sacar 7 millones menos de votos que en la segunda campaña de Obama. ¿No les importó? ¿O no se molestaron en acudir a votar por creer que era imposible que Trump venciera? ¿Realmente la mala prensa y los propios escándalos de Clinton, aunque finalmente hayan quedado en nada según el propio FBI, justificaban correr el riesgo?

Se seguirá especulando sobre estas preguntas largo y tendido, pero tanto para los votantes republicanos, demócratas o otros partidos, o los que simplemente pudiendo hacerlo optaron por no registrarse para votar, el problema no es si son racistas o no, sino si lo permiten y toleran en su presidente, un cargo que no es omnipotente pero que si tiene amplios poderes ejecutivos. Si criticaríamos ciertas actitudes si sucedieran aquí, si vemos con preocupación el ascenso de Le Pen en Francia, o la deriva cada vez más autoritaria de Erdogan en Turquía, ¿no es legítimo hacer lo propio por lo que pueda hacer Trump? Con mesura, sin simplificar en exceso ni limitarlo al asunto favorito de cada uno, pero hacerlo. 

Parafraseando una frase leída en Twitter, la Democracia implica aceptar lo que decidan los votantes aunque no nos guste, pero no exige callarnos nuestra opinión al respecto. en una elección, al final, la responsabilidad del resultado recae en los electores.







viernes, 4 de noviembre de 2016

Una historia de buenos y malos.

Nadie es ejemplar en cada momento de su vida.
Ya no existe el olvido. Podrás esconder esto o aquello el tiempo suficiente, pero no podrás ocultarlo siempre.
Nadie supera el juicio que excede a las leyes.
Nadie aprueba el análisis descontextualizado.
Nadie carece, al menos, de un adversario.

Absolutamente nadie.

Es inútil mentir cuando tus respuestas serán cribadas.
Es absurdo culpar a otros por haber indagado.
Es injusto medir los hechos de ayer con los valores de hoy.
Es estúpido creer que podrás acusar indiscriminada y severamente sin exponerte a ser juzgado y acusado sin piedad.

Muy pocos merece semejante trato y nunca es un espectáculo edificante.

Y eso es todo lo que tengo que decir sobre el asunto de Ramón Espinar hijo.

Sin embargo he observado y leído a muchos y lo que sí me ha interesado ha sido la claridad con la que se han formado dos grandes grupos de opinión según aquello que consideraran causante del "escándalo".

Están los que consideran que el daño se produjo al doblar la norma. A estos los llamaré "ateos".
Son los que ven el fallo en aprovechar los huecos que, inocentes o no, quedaban expuestos para que fuesen utilizados por los frívolos y despreocupados o por los listillos bien posicionados. Porque se podía. Porque la norma era defectuosa, incompleta o simplemente sirvió hasta que dejó de hacerlo.

Están los que piensan que el daño se produjo al enriquecerse. A estos los llamaré "morales". Argumentan que se pervirtió y se "pecó" al obtener un beneficio económico en la operación. Siguiendo su lógica, mayor será el destrozo cuanto mayor la cantidad obtenida y, por tanto, si no la hubiera pasaríamos de una conducta inmoral a otra completamente ejemplar.

No me interesan las conclusiones que extraen estos dos grupos para dictaminar culpabilidad o inocencia. Me interesa la utilidad y la bondad/peligro de ambos enfoques. Tras mucho pensarlo, me declaro ferviente atea.

Cuando examinas la norma, y no el individuo, respetas la intimidad de su alma, de sus razones o debilidades puesto que es algo que sabes que no te compete. Observas sus beneficios y sus efectos indeseados y extraes información valiosa que te permite maximizar los primeros y reducir los segundos. Partes de la realidad, (el ser humano es falible, todos tenemos un "precio"), y te diriges a ella (elevar lo máximo posible ese "precio"). Es lo que los expertos llaman "incentivos". Buscas el fallo en el origen que provocará otros muchos, potenciales o desconocidos aún, pero probables.

Cuando miras el asunto desde la consecuencia (el enriquecimiento) partes de un prejuicio: ganar dinero es fuente de mal. Es una posición moral y por lo tanto es imprescindible evaluar la ética del acto concreto. Las condiciones particulares del individuo, mirar en su alma, escrutar si hizo cuanto estuvo en su mano para evitar la obtención de esas cantidad, decidir si hizo suficiente o por el contrario se dejó llevar por la codicia. Cada caso es un asunto particular. Una forma de vida. Un padre, una madre, una edad, una ideología. Un alma y unas intenciones que la sociedad ha de pesar en la balanza para decidir si le otorga o no su perdón.

Quien basa su acción política en la clasificación de los individuos según sus propios criterios morales, buenos y malos, santos y malvados, puros e impuros, tiene derecho a ser juzgado mediante criterios "ateos", porque así de grande es la democracia liberal. El problema es cuando el juicio es el de la opinión pública. Entonces, cual Fuenteovejuna, le aplicarán altas dosis de la misma medicina.
No habrá consecuencias legales pero el daño personal, no tengo la menor duda, será brutal.

Esas son las sociedades que estamos construyendo sin apenas darnos cuenta. Como la rana que se sumerge en un agua que poco a poco se va calentando, llegará el día en que estemos perfectamente cocinados sin haber sido conscientes de nuestro suicidio.

Eso hacen los populismos, de izquierda y de derecha, que campan por todo el planeta. Simplifican, crean metáforas de buenos y malos, víctimas inocentes y verdugos perversos. Conspiraciones y ficciones que encarnan el origen de todo mal. Utopías que poseen solución a todos los problemas pero que no se realizan por la conjura de los poderes oscuros.

Historias que elevan los espíritus y, en momentos de arrebato, nos arrancan gemidos en forma de eslogan, carta, discurso o artículo. Hasta que nos pasan la prueba del algodón y entonces nos damos cuenta de que esos filtros que queremos aplicar a otros, no los puede pasar nadie y nadie tiene derecho a exigir lo que nadie puede cumplir.

Ojalá sea eso lo que hayamos aprendido de esta historia. Ojalá dejemos de exigir personas "de principios" y aspiremos a "ateos convencidos" porque de no hacerlo solo los psicópatas, los cínicos o los narcisistas, se acercarán a la vida pública. Los idealistas y los inteligentes huirán como de la peste y entonces sí tendremos los gobiernos y las sociedades que nos merecemos: las que nos hemos empeñado en construir. Piedra a piedra.

miércoles, 12 de octubre de 2016

Mujeres de una cierta edad. Un pequeño fact-check a Pablo Iglesias.

"Creo que ese dato se corrige también en función de la generación. Somos la primera fuerza política entre los jóvenes. Nuestra gran asignatura pendiente son las mujeres de una cierta edad."
Pablo Iglesias en El Objetivo de Ana Pastor.
Domingo 9 de octubre 2016 (a partir del min 12)

Esa fue parte de la respuesta que Pablo Iglesias proporcionó a Ana Pastor cuando le preguntó por la brecha de género que el último Avance del CIS de septiembre mostraba para su partido.



La imagen de arriba muestra la pregunta en cuestión y ahí se aprecia la diferencia de voto que hombres y mujeres otorgan a los partidos (respuesta espontánea). Si nos limitamos a los cuatro partidos con mayor representación en todo el territorio nacional, Unidos Podemos es el único a quien las mujeres votan "menos" que los hombres.
Esta misma pregunta se realizó en el anterior barómetro del CIS, el del mes de julio, que sí está completo, y estos fueron los resultados que arrojó:



En el mes de julio, también Ciudadanos era un partido "masculino" si por tal entendemos que el voto femenino otorgado es menor que el masculino.
El "Gap" o "brecha" se produce cuando las diferencias son realmente importantes a favor de uno u otro sexo.
En el siguiente gráfico se pueden ver esas diferencias por partidos y sus cambios en los últimos meses (color oscuro para los datos procedentes de julio y claro para los recién publicados en el Avance de septiembre):


De los cuatro, tan solo Unidos Podemos sigue siendo un partido "masculino". El voto declarado a Ciudadanos (color naranja) ha cambiado de signo entre julio y septiembre mientras que el correspondiente a UP (color morado) ha acentuado su brecha, aumentando la distancia entre el número de hombres y mujeres que dice haberlo votado.
Si lo recogido en este avance se corresponde fielmente con la realidad de la sociedad española, podríamos decir que Unidos Podemos es votado por muchos más hombres que mujeres y dado que eso no suele ocurrir en los demás partidos tiene todo el sentido del mundo que Ana Pastor le hiciera esa pregunta.
En este blog he hablado antes del líder de la formación, Pablo Iglesias, y de cómo las encuestas parecen revelar que no es una figura querida por el votante femenino, más bien contrario, parece ser un candidato que "no gusta a las mujeres".
Pero volvamos a la pregunta o mejor a la respuesta que ofrece para explicar esta singularidad.
Dado UP es la primera fuerza entre los jóvenes - en este punto coincide con la polémica declaración de Carolina Bescansa - dado que cree que ese dato tan descompensado se corrige en función de la generación y dado que cree tener una asignatura pendiente en el grupo de mujeres de "una cierta edad", podríamos concluir que, a juicio de Iglesias, el eslabón débil en el conjunto de votantes femeninas de Unidos Podemos es el compuesto por mujeres que ya han cumplido, no sé, ¿los 60 años?
Recuerdo haberme extrañado ante la respuesta. El gap es muy grande, 4.4 puntos de diferencia, y si efectivamente los votantes de UP son mayoritariamente menores de 45 años, muchos hombres y ninguna mujer deberían tener en el resto de grupos de edad para que ese efecto tan llamativo se produjera. Pero dado que la estadística es bastante misteriosa para mi pregunté a Pau Marí-Klose, profesor de Sociología de la Universidad de Zaragoza, si era posible saber cuántas mujeres y cuántos hombres había en cada uno de esos grupos de edad que las preguntas del CIS muestran.

Me dijo que sí, accedió a los "microdatos" del CIS de julio (nº 3146) y cruzó las variables edad y sexo para los encuestados que habían declarado haber votado a Unidos Podemos.

Esto fue lo que obtuvo:


Y así se ve en un gráfico:


Sí, el resultado es el que parece: la brecha está en mujeres de una determinada edad, en concreto ¡en las menores de 30 años!
Y, muy al contrario de lo que deduce Pablo Iglesias, las votantes de Unidos Podemos de una "cierta edad", aunque pocas, son más numerosas que sus correspondientes masculinos.

Así pues, tal vez, la afirmación de Carolina Bescansa antes citada:
“Si solo votaran los menores de 45 años, Iglesias ya sería presidente”
Podría trocarse en:
 “Si solo votaran las mujeres, Iglesias no sería presidente”

Sería muy interesante conocer los motivos que llevan a las mujeres a votar "tanto" menos que los hombres a Unidos Podemos.
Si yo participara en esa organización estaría francamente empeñada en averiguarlo, pero bueno, yo estoy muy sesgada, creo que las mujeres salvarán la democracia liberal así que pueden imaginar que no soy muy objetiva a la hora de ponderar el peso del voto femenino.


Nota: estos resultados son coherentes con las deducciones que Sílvia Claveria reflejó en este posten la misma línea del enlazado arriba.


ADDENDA 13/10/2016

Tal y como me he comprometido en mi respuesta al primer comentario recibido, aporto los cuatro gráficos mencionado:














sábado, 10 de septiembre de 2016

Pesaremos tus lágrimas.




De vez en cuando vuelvo a Cioran, en momentos de pesadumbre, de desasosiego y últimamente cuando escucho a los nuevos profetas de eso que se conoce con el término "posmos" (posmodernos). Y no, Cioran no es un tipo depresivo que acaba llevándote al pozo negro, es la perfecta encarnación de la resiliencia.
A Cioran le gustábamos los españoles y los rusos. De nosotros decía lo siguiente:
"Viven en una acritud cantante, de trágica falta de seriedad, que les salva de la vulgaridad de la felicidad y el éxito ... Incapaces de acoplarse al ritmo de la civilización, clericoidales o anarquistas, no podrían renunciar a su inactualidad ... han agotado lo mejor de sí mismos en rumiar sobre la muerte, en embadurnarse de ella ... retrocediendo sin cesar hacia lo esencial, se han perdido por exceso de profundidad ... el descoyuntamiento es su forma de rigor. Su descubrimiento: la ilusión sombría, el orgullo de desesperar; su genio: el genio del pesar..."
El otro día Carolina Bescansa  tuvo a bien estropear, o al menos intentarlo, uno de esos logros de los que más orgullosos nos sentimos: donación y trasplantes de órganos. Somos estupendos, nuestro sistema funciona y ese sentimiento de "joya de la corona" consigue, probablemente, que muchas personas acepten donar sus órganos tras su muerte y los de sus familiares fallecidos con gran naturalidad y sensación de contribuir al bien de alguien a quien no conoce ni va a conocer.

Muchos son los asuntos que generan polémicas y discursos "llamativos" cada día. Mi sensación de extrañeza iba en aumento al ver en todos ellos un aroma cuasi religioso común: el sufrimiento, no ya como argumento sino como punto de partida, de autoridad moral, para poder opinar, colaborar, o pensar.

Si eres un empresario de éxito ha de ser porque explotas a los pobres. Si donan parte de su dinero, donan escasamente. Cuando Mark Zuckerberg anunció, tras el nacimiento de su hija, que donaría el 99% de sus acciones a obras filantrópicas corrimos prestos a encontrar la trampa.

Si eres feminista (advertencia nº1 a odiadores, soy feminista) porque crees que la igualdad entre hombre y mujer no es algo negociable pero eres varón, lo tienes chungo. Si lo pones en tu biografía, eres un adolescente de pegatina. Si callas, otorgas. Si tomas tú también la bandera, ¡ah no amigo!, eres hombre y has de mantenerte en segundo plano y mirar, eso sí, dando ánimos. Porque naciste con privilegios y eso aunque no lo sepas, te marca.

Si logras una beca post doctoral (ojo, que no hablamos de estudios básicos) eres un privilegiado y has pensar que otros no han tenido tanta suerte y por lo tanto pedirles disculpas. Si tuviste la "fortuna" de poder pagar tus estudios fuera, bien porque trabajabas, bien porque tu familia podía hacerlo, entonces pierdes cualquier posibilidad de manifestarte sobre lo que consideras mejor o peor para la educación. Tienes un pecado original y eso, aunque no lo sepas, te marca.

Las donaciones de órganos no son deverdaddelabuena altruistas. Resulta que detrás hay mucho marketing, e incluso resulta que los médicos que practican los trasplantes reciben un plus económico por la disponibilidad requerida. ¡Ah! tenemos ahí otro pecado original, no lo hacemos sufriendo y eso nos mancha.
'En todo profeta coexisten el gusto por el futuro y la aversión por la dicha'. EM Cioran.
Puedes escuchar a algunos veganos (advertencia nº2 a odiadores, soy casi vegetariana y empatizo hasta con mi cobaya) explicar las bondades de la elección de su dieta. Vuelve a ser un asunto religioso en el sentido amplio de la palabra. Si comes carne, eres un asesino. Si bebes leche, explotas a las hembras.

Por no hablar de los OMG (alimentos transgénicos). No es "natural", nos dicen sus detractores.
No importa que las mayores agencias de seguridad alimentaria sometan a controles exhaustivos todos los alimentos que llegan a nuestra mesa. No importa que nunca hayamos vivido más y más sanos en la historia de la humanidad.
No confiamos en la ciencia pero creemos que las cualidades de un alimento que ha crecido en un campo y ha sido abonado con estiércol de las reses que viven en "ese" campo, son superiores. Si no se han empleado en su obtención, ninguna de las técnicas que han hecho que el trabajo del agricultor sea menos penoso, entonces el alimento es todavía mejor (¡!)
Parirás a tus hijos con dolor y ganarás el pan con el sudor de tu frente, dice el Antiguo Testamento y últimamente está de moda tomarlo al pie de la letra.

Es la cultura de la pureza que otorga el dolor, que lava toda culpa original. El sufrimiento como única vía "moral" para lograr acceso a derechos y avances. Es la meritocracia del sufrimiento.

Lo más llamativo de todo esto es que semejantes planteamientos salen de bocas que se denominan progresistas. Causas con las que simpatizarías se vuelven odiosas ante la virulencia de sus postulados, la irracionalidad de los requisitos, la dificultad para alcanzar un estatus digno y poder contribuir al debate.
Y entonces callas porque tampoco quieres hacer daño a una buena causa.

Tengo el recuerdo del  europarlamentario Urbán, en directo tras el atentado de París, explicando que el sistema les ha fallado y hay mucha gente que "no ve otra salida que inmolarse en un sitio"
Es la otra consecuencia de esta fe en la redención del sufrimiento. Te exime de responsabilidad, te otorga inmediatamente una justificación y un conocimiento experto de primera mano.

Si no lo has sufrido no puedes hablar de ello. No puedes ayudar, no puedes tratar de contribuir, no eres puro.

Nunca creí que más allá de la modernidad nos esperase, de nuevo, la  Edad Media.


** El título es prestado de Cioran: "En el juicio final solo se pesarán las lágrimas"

viernes, 2 de septiembre de 2016

Por qué Lucy NO murió cayendo de un árbol.


Autor: Simón Perera


A estas alturas, es posible que muchos estén al tanto de la noticia: «Por fin, hemos descubierto cómo murió Lucy, nuestro ancestro australopiteco: cayendo un árbol». Sin embargo, no es oro todo lo que reluce en esta noticia. Vamos a verlo.

Primero el contexto: "Lucy" (técnicamente AL 288-1) es lo que vemos a la derecha: un conjunto de huesos de una especie de australopiteco.

Los australopitecos eran un grupo de especies antiguas, entre hace 4,5 y 2 millones de años. Científicamente, se les conoce como género Australopithecus ("mono del sur", pues era el fósil de primate encontrado más al sur de África).


Los australopitecos y otros fósiles suelen ‘venderse’ como nuestros antepasados, pero científicamente no se consideran así. Fíjense en el siguiente árbol genealógico de especies (filogenético).

TODOS los fósiles aparecen en las puntas, porque es casi imposible determinar que sean verdaderos ancestros (nodos). Por eso hay que coger con pinzas las afirmaciones de que Lucy era nuestro ancestro, e incluso “nuestra abuela”.

En realidad, es prácticamente imposible que Lucy (el individuo) fuera nuestro ancestro. Y es posible que su especie no lo fuera. Aunque la especie de Lucy, Australopithecus afarensis es una de las posibles especies ancestrales de Homo, también lo son A. africanus, A. anamensis, A. garhi... Además, dado que se encuentran muy pocos fósiles, es aún más probable que estas especies sean más nuestros “primos” antiguos más o menos separados de los ancestros (nodos) comunes, que estos mismos ancestros.

Aún así, es cierto que A. afarensis es una especie importante en nuestra evolución, y Lucy es probablemente su miembro más importante. En este contexto, John Kappelman y otros investigadores de Texas y Etiopía publican, en la revista más prestigiosa (o casi), que Lucy murió cayendo de un árbol. Esto, aparte de ser una anécdota, tendría consecuencias para nuestro conocimiento sobre la evolución humana, ya que confirmaría que los australopitecos, a pesar de haber desarrollado ya el hecho de caminar erguidos (bipedestación), seguían dependiendo al menos parcialmente de los árboles.

¿Cómo lo saben?
Resumen: parece que un par de huesos se rompieron por una caída. Otros huesos también podrían haberse roto por una caída. En particular, los húmeros y el fémur conservados de Lucy muestran roturas por compresión, que indicarían caída. Otros huesos no indican caída, pero no la desmienten, por lo que los autores los citan como apoyo.


PERO.
¿No podría ser que el contexto de la muerte fuera otro, y las roturas fueran posteriores? Las alarmas han saltado entre algunos antropólogos físicos porque el artículo omite una parte importante: la discusión de resultados.



Lo normal en ciencia es contrastar tu hipótesis con otras alternativas, pero el artículo de Lucy no lo hace en el cuerpo del artículo (en el apartado de Discusión, que sirve para eso), sino que lo relega al material complementario y no hace todas las comparaciones posibles.


Esencialmente faltan dos comparaciones cruciales: contexto y fósiles.
  • Contexto: muchos animales de la zona de Lucy tienen fracturas similares, y no se cayeron de ningún árbol. Es el caso, por ejemplo, de rinocerontes o caballos, como se puede ver en la fotografía de la derecha. 
  • Fósiles: algunas de las fracturas de Lucy aducidas como argumento para la caída aparecen por el propio proceso de fosilización. 

Esto ha llevado a algunos antropólogos tan importantes como Tim White (uno de los grandes, codescubridor de Lucy y de otros ""ancestros"" igualmente importantes) a calificar el "descubrimiento" de la muerte de Lucy como un sinsentido.
Así que, ante la falta de consenso: NO podemos afirmar taxativamente que se conozca la causa de la muerte de Lucy.


O, tal y como se suele comunicar la ciencia,  "NO, Lucy no se cayó de ningún árbol"




Simón Perera es investigador en genética de poblaciones (en colaboración con el Grupo de Investigación en Antropología Biológica de la UAB) y responsable de Diseminación Científica y Nuevos Proyectos en empresa de biología de sistemas y bioinformática (Anaxomics).
@SimonPerera


Fuentes:


miércoles, 27 de julio de 2016

Somos candidatas a la presidencia del país más poderoso del mundo.

Michelle Obama 26/07/2016 Convención Nacional Demócrata (i)
"Niños como el pequeño niño negro que miró a mi marido y, con sus ojos llenos de esperanza, le preguntó: ¿tengo el pelo igual que tú?"


Anoche, a la 1:15 de la madrugada, Hillary Clinton compartió en las redes sociales este vídeo:


Acababa de ser nominada por el partido demócrata para ser la primera mujer, en la historia del país más poderoso del mundo, candidata a la presidencia y comandante en jefe de los Estados Unidos.

Había hecho historia. Así lo sentía yo también que, ni americana ni nada parecido, permanecía despierta esperando el momento. Comandante en jefe (¡!). Se dice pronto.
Me regocijé íntimamente como si algo de lo logrado por esta mujer me tocase cerca, vi el vídeo varias veces, me emocioné y entendí por qué lo hacía. Lo guardé en favoritos y esta mañana he enviado el enlace a mi hija acompañándolo de uno de los mensajes más sentidos que le he escrito nunca.

El vídeo es buenísimo pero, como me ha comentado un amigo, podría parecer que quisieran "esconder" a Hillary.
No es el líder, no es la personalidad arrolladora, no es el candidato. No es un personaje icónico.
No es Obama, al que se le cae el carisma a cada paso que da. No. Hillary no tiene nada de eso. Ésa es exactamente la razón por la que creo que este vídeo es magnífico.

Un día antes, otra mujer ofreció uno de los mejores discursos que he escuchado últimamente. Michelle Obama dio un recital de elegancia, sensibilidad e inteligencia en la presentación que hizo de Hillary. Me llamó la atención la elección de las palabras, de las virtudes, que harían deseable a Hillary como presidenta:

Michelle Obama 26/07/2016 Convención Nacional Demócrata (i)

"Ha habido infinidad de momentos en los que Hillary podría haber decidido que el trabajo era demasiado duro, que el precio del servicio público demasiado alto, que ya estaba cansada de ser criticada por su aspecto, su forma de hablar o incluso por su manera de reír. Y ésa es la cuestión, lo que más admiro de Hillary es que nunca se doblega. Nunca toma el camino fácil. Hillary Clinton no ha abandonado nada en su vida."

Son las palabras que una mujer inteligente dedica a otra mujer inteligente. Es perseverancia, valentía, fortaleza, sentido de servicio público y sobre todo alguien de quien te puedes fiar. Alguien que jamás dejará el trabajo a medias. Alguien que no te dejará tirado.

El vídeo de la campaña no es pues un canto al líder. El candidato no es un mesías, es nada más y nada menos que un eslabón más en una aspiración colectiva. La nominación por sí misma, (ojalá culmine en la presidencia) ya es un paso mítico para todas las mujeres, minorías, y luchas por los derechos civiles. No es ella. Ella tan solo acepta, responsable y agradecida, el lugar que le corresponde en esa cadena por eso es tan importante señalar el trabajo de las que fueron antes que ella. Es muy consciente del legado que, para las que serán después, supone su nominación.

Es un video dirigido a todas las mujeres sean de la raza, religión u orientación sexual que sean. Es un vídeo para las niñas, que tendrán que añadir sus propios eslabones y soñar a lo grande.
Es un vídeo para todos que me recuerda el espíritu de Martin Luther King.

Frente a una candidatura centrada en el candidato, muy agresiva y que roza en numerosas ocasiones los límites de lo tolerable, la campaña de Hillary es un asunto colectivo. Y es que participar en la campaña de Hillary ha supuesto, ya, un éxito para millones de mujeres. No ha hecho falta que gane.

Por eso este video "esconde" al candidato. Hillary ha logrado que cuando ella fue nominada, millones de mujeres nos hayamos sentido triunfadoras. [¿Tengo el pelo igual que tú?]

No tiene el carisma, ni lo necesita. Es la corredora que toma el relevo de manos de su compañera y avanza sus 100 metros para entregárselo a la siguiente. Es una forma distinta de hacer política, quizás más femenina. Quizás es la única que puede hacer Hillary o quizás es la más inteligente (ii).

No puedo votarte Hillary, pero sí puedo compartir todo esto con mi hija.



(i) Extractos del discurso de Michelle Obama. Puedes leer la transcripción completa aquí. Merece la pena.
(ii) Según el Pew Research Center a finales de Junio la brecha de género era notoria. Las mujeres, de todas las edades, solteras o casadas, preferían a Hillary. 

sábado, 9 de julio de 2016

Conversación.


He estado tres días en Santander, en el entorno privilegiado de la Magdalena, he dormido menos de 12 horas en total y comprobado que las sillas de madera no son una buena idea cuando pasas más de 8 horas diarias sentada en ellas.
He vuelto a verificar, como cada vez, la necesidad que tengo de ver y oler el mar. He jugado una larga partida de palas con un vestido cuasi de noche, mientras a nuestro alrededor paseaban cuerpos en biquini. Hemos cenado de quince en quince y comido mientras prestábamos cargadores de batería a completos desconocidos que nos duplicaban o dividían la edad.
He escuchado a economistas, juristas, politólogos, sociólogos, estudiantes, amas de casa, profesoras, políticos, periodistas, activistas.
He disfrutado como una enana, como creo que solo puedo disfrutar cuando he alcanzado la edad que tengo y vivido las experiencias vividas. Cuando la vergüenza a preguntar y rebatir es una cosa absurda. Cuando te diriges a los ponentes porque te interesa la persona que ha emitido esa opinión con la que, a lo mejor, discrepas radicalmente.
Acercarse a un ideólogo de Podemos y preguntarle el motivo de su enfado, tan intenso, tan sostenido en el tiempo. Obtener como respuesta la confirmación de la emoción y el pesimismo ante el futuro.
Saludar a un hombre que te ha enamorado con su conocimiento, sus argumentos mesurados y su genuino deseo de bien común y descubrir que ha oído hablar de ti y que está feliz por decidirte a saludarle.
Jóvenes llenos de ideas que quieren hacer el Camino de Santiago y llevan el saco de dormir en el equipaje. Discusiones apasionadas, enfados que duran minutos, secretos, anécdotas jugosas, vidas privadas, amores, pecados del pasado, utopías...
Nos perdemos por un buen relato, seguimos perdiéndonos en ellos. El ser humano es fascinante sí, pero cuando interactúa con sus semejantes roza la gloria.

Cerebros dignos de observación detenida, unos con la habilidad de transmitir solo aquello que han elaborado desde el silencio y la exigencia, otros, que tras cada idea comunican una experiencia vital, física. También aquéllos que mostraban proyectos en curso o futuros y en dicha clave debían, aunque no lo deseasen, ser interpretados.
Personas aún por madurar y personas maduras. Egos y filias. Carencias y virtuosismo.

He aprendido muchísimo sobre el populismo, he llenado un cuaderno con las anotaciones y fotografiado a una decena de ponentes, retocando con cariño sus imágenes porque me gusta que las personas se vean bellas cuando transmiten conocimiento.
Tal vez escriba un post con las ideas que más me han impactado, por su potencia creativa o por su utilidad, pero realmente lo único que ahora mismo me interesa constatar y reivindicar es el poder de la conversación.

¡Por Dios Bendito! no hay nada, absolutamente nada, más poderoso, estimulante y erótico que una buena conversación.

Y todo lo demás, se os dará por añadidura.

miércoles, 22 de junio de 2016

Memento Mori

Escribo este post "in extremis" porque mañana será el referéndum sobre la permanencia o salida del Reino Unido de la unión Europea y mentiría si dijera que el resultado no me causa ansiedad.
No voy a escribir sobre ello, voy a hacerlo sobre nuestras elecciones y lo hago ahora porque creo que si por desgracia el Reino Unido decidiera abandonarnos, el triste aroma del desánimo nos invadiría también a nosotros.

Tal vez, alguna vez, hubo un momento bueno para rendirse en alguna cosa. No es éste. Creo que nunca antes fueron tan necesarias las personas tenaces.

Trato de buscar mi hueco, entender el panorama que las anteriores elecciones nos dejaron y que las encuestas, legales y prohibidas, nos pintan cada día. Por más que busco, leo y escucho a expertos, sobre todo varones por cierto, suelen ofrecerme dos opciones:
1) Un PP mayoritario que se apoyaría en el partido de Ciudadanos (C´s) más o menos cerca, con más o menos posibilidades de gobernar.
2) Un Unidos Podemos (UP) creciente que se sumaría a un PSOE algo más débil que en las anteriores elecciones del 20D y que podrían lograr la aritmética necesaria.

También se tantean un par de posibles coaliciones en el caso de que los anteriores no sumaran:
3) La Gran Coalición, que viene a ser la suma de los dos partidos tradicionales PP+PSOE al que podría unirse, aunque no fuese necesario, C´s.
4) La Coalición alternativa, descartada ya por dos de sus intervinientes, que giraría en torno al partido socialista con la suma de Unidos Podemos y Ciudadanos (en el caso que PSOE+UP no llegaran a lograr los 176 escaños).

Todas ellas con la excepción de la primera, meten la presión en el PSOE y ninguna de ellas creo que aporte lo que, a priori, me parece que más necesitamos.
-Ojalá tengas aquello que necesitas, no lo que deseas-
¿Qué hará? ¿Pactará con el PP? ¿Lo hará con Unidos Podemos en posición minoritaria o con la voz cantante?
Escucho a muchas personas que me dan argumentos por los que desean que gobierne el PP. Son personas buenas, generosas. Ni malintencionadas, ni egoístas, ni carcas desfasados. Son personas que temen mucho una llegada al poder de Unidos Podemos por sus tintes autoritarios, sus políticas erráticas en temas fundamentales en las que, sobre todo su líder, dice hoy A y mañana B y admite que lo dice, porque es ante todo "pragmático". Son personas a las que no les gusta todo lo que ha hecho el PP, pero temen que la alternativa sea mucho peor.

Escucho a muchas personas que me explican por qué van a votar a Unidos Podemos. Son personas buenas, generosas. Ni malintencionadas, ni estúpidas, ni abducidas por un caudillo mesiánico. Son personas que temen que otro gobierno del PP enquiste para siempre la corrupción en nuestro sistema y se olvide de los vulnerables. Personas que creen que, con ellos al mando, los servicios públicos corren peligro cierto. No les gustan los aromas populistas y las frases grandilocuentes sobre la Patria que salen de la boca de los líderes, pero creen que todo eso se moderará cuando lleguen al poder y la realidad les marque la agenda.

Y por último, hay un tercer grupo especialmente curioso, el que desea que gobierne UP aunque no le gusta.
Piensan que así nos vacunaremos, escarmentando en carne propia. Están convencidos de que sufriéndoles en el poder cuando aún son inexpertos evitaremos que dejarles como dueños y señores de la oposición les convierta en poco tiempo en gobernantes en solitario.

Todas esas personas tienen en común la bondad y la preocupación por su país y por sus ciudadanos. Todas tienen en común, también, el miedo.

Esa estrategia ha sido fomentada intencionadamente por ambos partidos y, por economía, en las encuestas, ofreciendo las opciones PP+C´s vs PSOE+UP por defecto una y otra vez.

Y ¿qué hará el PSOE? ¿nos "entregará a los populistas? / ¿pactará con la derecha?
Con C´s ni agua, son peores que el PP, son la muleta. /  C´s acabará facilitando un gobierno de extrema izquierda porque roba votos del PP.

Esas son las ideas simples que echan el balón al campo de otros y que impiden que pensemos o nos atrevamos a cualquier otra cosa a pesar de que la experiencia cercana nos ha dicho que las cosas no han sido así.

Si cuando el PSOE fue más fuerte eligió un camino, ¿por qué ahora que todos le suponen más débil, debería cambiar?
Si cuando C´s pudo no lo hizo ¿por qué ahora deberíamos suponer que lo hará?

¿Qué hará el PSOE? ¿Qué hará C´s? Me pregunto yo también.
Les escucho y les veo decir que no a todo y a nada de forma contundente. No puede ser de otra forma y además daría igual, sería ingenuo tomarse literalmente sus afirmaciones en campaña, no somos nuevos, los resultados no van a cambiar drásticamente. Se acabó el bipartidsmo.
Asumámoslo de una vez y dejemos de seguir intentando jugar al ajedrez en un tablero de parchís.

Si yo fuera ambos (nótese la imposibilidad y lo absurdo de la expresión pero no encuentro otra mejor) jugaría a mi juego. Dejaría de responder las preguntas que otros me hacen y haría las mías.
Si las cosas son tal y como parece que van a ser, una reedición del pacto convertiría a PSOE-Cs en la opción que más apoyos podría reunir.
No solo eso, es la opción preferida de forma mayoritaria por los votantes de ambos partidos y lo que es más importante, es la única opción que puede evitar la creación de "cordones sanitarios".

Lo plantearía ya. Anunciaría que mi intención es hacer lo que dije que creía que era lo mejor para mi país hace 6 meses. Un acuerdo marco que tienda la mano a izquierda y derecha para mejorarlo, abierto a incorporar ideas y personas de ambas orillas.

Un acuerdo que no trate de apestados a 7 millones de votantes por un lado, ni a 6 y mucho por el otro.
Actitud e iniciativa del que tiene objetivos propios y sabe que no estamos en tiempos en los que sea posible imponerse al otro sin que la concordia entre ciudadanos corra serio peligro.

Un acuerdo que envíe las preguntas a los demás y deje de agotarse esquivando un marco que otros quieren imponer, que obligue al PP a reestructurarse y librarse, por fin, de la lacra de la corrupción. Un pacto que fuerce a Unidos Podemos a dejar de jugar a la hegemonía en un país que ha demostrado sobradamente que no lo es, ni lo desea.

Hay quien dice que es muy arriesgado decirlo antes sin saber los resultados. No lo sé. Yo creo que un gesto de claridad y determinación sería muy de agradecer y disuadiría de seguir practicando este juego desesperante de culpar y amenazar al otro en el que nos movemos tantos indecisos.

Nos hacen falta muchas cosas urgentes: cosas tangibles, concretas. Pero hay una de la que no es sexy hablar y que sin embargo resulta ser el primer paso de cualquier camino que se quiera recorrer. Necesitamos fortalecer, mejorar y querer a nuestras instituciones, poder respetarlas y confiar en ellas. Negar el problema o creer que la única solución es su destrucción, son las dos actitudes que nos han llevado a donde estamos aquí y en Europa. Las soluciones que ofenden y excluyen a tantos ciudadanos, a un lado y otro, difícilmente podrán llevar a cabo tan delicada tarea.

No es un papel para lucirse. Es un trabajo pesado y expuesto a las críticas más aceradas de aquellos que no deseen contribuir, sin embargo no hay trabajo más necesario.
No habrá laureles para el héroe que se atreva a acometerlo pero consolémonos recordando lo que los romanos les decían a los suyos cuando les homenajeaban.

No es tiempo de caudillos ni salvadores. Es tiempo de muchas personas tenaces empeñadas en obligar al resto a dialogar.

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