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Citado en el libro "De qué hablo cuando hablo de correr" H. Murakami

domingo, 1 de marzo de 2015

Fundación Hay Derecho. Una crónica sentimental.

Fundación Hay Derecho. Madrid 26/02/15

Estaba en el metro mirando nerviosa el reloj. Empezaba a preocuparme porque sabía que necesitaba unos minutos extra para llegar desde la estación de Plazacastilla (así lo decimos aquí, del tirón, con prisas) hasta el hotel que se encuentra en una de las cuatro torres que han cambiado el skyline de Madrid. Una mujer que me dijo tener 70 años se puso a hablar conmigo mientras esperábamos el tren. Me dijo dónde vivía, me dijo de dónde venía, me habló de su nieta a la que había estado cuidando para echar una mano a su hijo, me relató la muerte de su marido en una mesa de operaciones y el nombre del médico que le operó. Añadió, "mira, voy a ir sacando las llaves de casa".
Me dijo todo lo que necesitaba saber para que me ofreciera a caminar con ella por esa parte de arriba de la Castellana. Tenía miedo y por eso preparaba las llaves, para no tener que abrir el bolso en la calle. Me dijo que estaba sola. Pero yo tenía mucha prisa, y no hice más que escuchar, sonreír y salir despepitada según se abrieron las puertas del tren.
Eché a correr con la referencia de la torre en los ojos. Su inmensa escala hace que parezca cercano lo que no lo está. Llegué in extremis, con un mal cuerpo estupendo, pensando si aquella mujer habría abierto ya la puerta de su casa, si se sentiría segura.

Escribo esta pequeña crónica después de haber visto el 1er capítulo, "89.000 niños", de la segunda temporada de Borgen. Una serie danesa sobre política. Una "House of Cards" europea. Me ha impresionado tanto su escala, su cercanía, sus grises y lo difícil y necesario que es cambiar de opinión, retractarnos de lo que nuestra prepotencia y dejadez nos hacía pensar y poner en práctica. Es confortable tener una ideología que piense por ti. Es bastante ingrato tratar de crear un esquema que te obligue a pensar constantemente, pero es la única manera en la que tenemos la oportunidad de progresar.

Y cuento esto, y he puesto esos filtros a la foto de la presentación, porque mientras lo pensaba, decidí que me había hecho mayor (tarde, crezco muy despacio) porque creo que lo realmente revolucionario, es defender a capa y espada los valores del Estado de Derecho.

Durante este acto de presentación varias personas justificaron la necesidad de la creación de este tipo de asociaciones, que han detectado el problema de los tiempos modernos que nos toca vivir, y han decidido involucrarse.
"Cuando la arbitrariedad y la ilegalidad se atreven a levantar la cabeza con insolencia e impudicia es siempre un signo seguro de que los llamados a defender la ley no han cumplido con su deber" R. Von Jhering 
Esta cita forma parte de lo más interesante que escuché esa tarde (con permiso del resto de ponentes) lo dijo Elisa de la Nuez (@elisadelanuez ). Y también dijo algo propio, algo que pondría en un discurso memorable, de esos que cambian el curso de los acontecimientos:

"El poder de las leyes está en nosotros, y no va a estar en otra parte".

Y es que ¡sería tan estupendo cumplir las leyes y poder hacer lo que quisiéramos! (Gomá parafraseando a San Agustín). Sí, tan agradable y liberador, como disponer de una ideología que nos permita eludir pensar y tomar decisiones desagradables.

Decía Elisa, que entre los objetivos de la Fundación, estaría el reconocimiento de esos pequeños "héroes" grises y silenciosos. Premiarles para hacerles saber que no están solos en su defensa por la mejora de las instituciones. También que tratarían de aprovechar sinergias con entidades de la sociedad civil que defienden el Estado de Derecho, favorecer la transparencia, revitalizar el control legal en Ayuntamientos contando con la asociación de interventores y  realizar estudios que aporten datos de valor al debate público y que nos den una perspectiva de cómo es nuestro Estado de Derecho, porque comparando podremos juzgar si nos parecemos a lo que nos gustaría ser, o no.

Me parecen imprescindibles. Me parece que acometerán una tarea necesaria e ingrata. Sé que tendrán éxito. No puedo sino aplaudir su valentía, su constancia y su generosidad. Me considero de aquellos que se beneficiarán de su esfuerzo, y solo me atrevería a hacerles una pequeña sugerencia:
acordaos de la enorme importancia de llegar a la gente.

Y sí, hay sitios donde puedes contribuir a esta hermosa tarea

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