Sub-cabecera

Citado en el libro "De qué hablo cuando hablo de correr" H. Murakami

domingo, 21 de diciembre de 2014

Aprender a conducir(se) en la presentación de un libro.

"Conversación con Irene Lozano".

Es el título del libro que se presentaba el miércoles 17 en la Fundación Diario Madrid.
Llegué unos minutos pasadas las 8 de la tarde. Ya había comenzado Máximo Pradera a exponer la estructura general del libro y tras lo que llamó "un test de estrés" había llegado a la conclusión que Irene Lozano (diputada de UPyD) tenía lo que, a su juicio, es imprescindible para ser una buena política: no es la inteligencia, sino el coraje.

De cuanto dijo Irene a continuación, me quedo con una alusión a Bauman, que hoy día parece más evidente que nunca: no andamos necesitados de soluciones geniales para atacar los principales problemas del mundo. Conocemos las mejores ideas, lo que nos falta es la determinación de ponerlas en marcha.
Una serie de personas, más o menos anónimas o conocidas estaban sentadas junto a ellos. Uno tras otro, expusieron sus opiniones personalísimas sobre distintos temas: educación, pequeña empresa, libertad de expresión, corrupción, ejército...
Ramón Lobo (periodista), Miguel Lago (cómico) y César Martín (cocinero) entre otros muchos.

Me referiré a este último porque contó una anécdota que, por sí sola, hizo que a tarde valiese la pena.
César cree, desde lo que ve en su cocina, que los ciudadanos andamos necesitados de dos cosas: sinceridad  - "nunca te voy a colar una mierda" - y respeto - "porque pagas mis facturas, la luz, los salarios..."
Y continuó relatando algo que su padre le dijo cuando, de joven, le enseñó a conducir. En ese momento me sonreí al apreciar su confusión.
Hay actividades cotidianas que resulta que no se pueden hacer y es un lío cuando te das cuenta en público. [Disgresión ¿alguna vez habéis pensado la cantidad de cosas que siendo parte de la biografía de andar por casa de cualquiera, resultan ser ilegales/alegales?]


Bien, su padre le dijo:

"Cuando llegas a un STOP no solo hay que parar, también hay que dar la sensación de que vas a parar".

Pensé que cuando emites señales de ir a parar, los peatones echan el pie. Pensé en cuando cruzo el paso de cebra de mi calle, con mis hijas de la mano y agradezco a esos conductores que hacen ostentación de su intención de ir a detenerse. Los que van detrás y, sobre todo, los que circulan por el carril más alejado, perciben que hay unas figuras minúsculas a punto de atravesar la vía y que no detenerse ya no es una opción. Ese gesto, avisa al despistado, invita al confiado y obliga al de moral más laxa.

Y creo que tal vez su padre le hablaba de la confianza imprescindible. De lo costoso que es perderla. De lo lento, caro y malo que se vuelve todo cuando hemos de dedicar la mayor parte del esfuerzo a vigilar lo que hacemos unos y otros porque hemos perdido la excepción y la trampa se nos ha hecho norma.

A veces uno va a que le hablen de un libro de política y termina aprendidendo de cocina.

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