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Citado en el libro "De qué hablo cuando hablo de correr" H. Murakami

lunes, 7 de abril de 2014

Segunda oportunidad

Ha sido una casualidad. En realidad empecé este post ayer - recién llegada de pasar dos magníficos días en Murcia asistiendo al evento TEDx de este año -  pero el agotamiento tras los madrugones combinado con las tareas cotidianas sin hacer, pudieron conmigo y caí redonda al tiempo que mis hijas, puede que incluso antes, dejándolo inacabado. Hoy lo reescribo.


Sí,  ha sido casualidad haberme topado con este vídeo de Amaral esta mañana, tras detectar un número elevado de tuits que aludían a él; la mayoría aplaudiéndolo y unos pocos, pero consistentes, en contra.
Porque yo quería escribir sobre algo que se ha cuajado en mi cabeza tras pasar más de 10 horas seguidas en un ambiente absolutamente enriquecedor en todos los aspectos: como encontrar tierra oscura y húmeda tras tiempo en el pedregal.
Pensar que un acontecimiento de estas características es a la postre un buen vídeo inspirador que disfrutar libremente en casa, es reducir la experiencia a la foto de recuerdo.
Cuando te sometes a un bombardeo de buenas ideas contadas por personas interesantes, cuando de forma periódica se detiene uno a tomar un café y comentar lo escuchado, visto y sentido. Cuando preguntas directamente a los portadores de las ideas y se cuestionan a sí mismos, cuando se escucha con ganas y curiosidad, con intensidad, entonces la capacidad de entender, sugerir, desarrollar y analizar sufre una especie de shock virtuoso.

En la época en que mi hija mayor tenía aproximadamente 4 años, pasamos meses muy viajeros. Visitamos numerosos museos, ciudades y exposiciones. Cuando de manera más o menos brusca esa tónica se detuvo, la niña se despertó una mañana y me preguntó: "¿mamá, cuándo nos vamos?" le pregunté dónde quería ir, y respondió sorprendida: "pues a los sitios, mamá, ¡a los sitios!"
Esta es la mejor manera que se me ocurre de describir la sensación que te embarga a la mañana siguiente. Y descubro que tiene razón Marina cuando dice que ningún ser humano es reacio a aprender, muy al contrario: lo deseamos.
Las ponencias giraban en torno a la crisis, a los cambios que había provocado, a las enseñanzas que podríamos haber extraído, y como un crisol, se desplegaron muchos campos y enfoques.
No entraré en detalles sobre cada charla, eso se apreciará mejor en esas fotos fijas que son los vídeos, me gustaría hablar sobre lo que sembró en mi, la confluencia de tantos y variados factores.
Ese germen es lo contrario a lo que refleja el video de Amaral. O no. O tal vez es la consecuencia de lo que describe, no lo sé.
Creo que nuestra sociedad se merece y necesita una ley de segunda oportunidad. Para todos.

Es intolerable, casi peor, estúpido, echar a tanta gente valiosa del sistema. Me refiero a aquellos que han perdido su vivienda pero siguen arrastrando una deuda tal, que jamás levantarán cabeza. Jamás tendrán la oportunidad de volver a contar con la confianza de un préstamo para acceder a un alquiler, abrir un negocio o comprar una lavadora. Es inmoral y es de idiotas hacerlo, elijan el argumento que mejor se ajuste a su intelecto: ninguna sociedad, por muy rica que sea, se puede permitir ese lujo.
Esas personas no se evaporarán en el aire, no desaparecerán porque no queramos verlas. Esas personas, nos van a costar caro, en todos los aspectos. Alguien debería hacer esos números y si la ética personal no nos lo ha hecho ver, tal vez los números, que tanto parecen respetar algunos, nos ayuden a rectificar.
Una ley de segunda oportunidad que no condene a personas decentes a la ilegalidad. A buscar la manera de esquivar normas cambiantes que en lugar de ayudarles a mantener puestos de trabajo se lo dificultan. Normas que te obligan a ser ilegal antes que inmoral.
Todo esto pensaba tras la primera andanada de ponencias, tras escuchar a Jesús Alfaro, Irene Milleiro o Yolanda Román.

Y cuando ya me creía justa y suficientemente cabreada, cuando tenía casi claro que el enemigo era a partes iguales, la ignorancia, la cobardía y los políticos, llegó la charla de Miguel Ángel Gonzalo y el enorme respeto y cariño que profesa al Parlamento.
Me convenció. En parte. En una pequeña, pero importante parte.

La sociedad necesita una ley de segunda oportunidad. Nuestro sistema también. Nuestro sistema parlamentario es vital, es imprescindible, es un juguete demasiado valioso para dejarlo en manos de incapaces o tramposos. Es tan importante que no podemos permitirnos destruirlo. Solo tenemos, desde mi humilde opinión, la opción de mejorarlo.
Decía  Chema Herzog, que "la convivencia se basa en el cese del agravio" y estoy de acuerdo. Hemos de dejar de agraviarnos tanto, unos a otros. Hemos de crear cauces en los que sea posible rectificar conductas. Los políticos (creo que los del Congreso son los más vigilados y transparentes así que deberíamos empezar a fijarnos en autonómicos y locales), los administradores y las llamadas élites, han de expulsar a sus mediocres, avergonzar y señalar a sus tramposos, promocionar a los valiosos y relegar a tareas menores a los que solo quieren medrar al amparo del grupo.
Ellos han de cesar en el agravio y nosotros hemos de darles una segunda oportunidad en cuanto lo hagan. No serán los mismos, porque para evitar la continuidad del agravio hay que empezar a clarificar lo que significa la frase "asumo la responsabilidad".
Asumir la responsabilidad no es pasar una mala noche. Es irse a casa o al juzgado según corresponda. Es pensarlo dos veces antes de elaborar malas leyes a sabiendas que costará dinero público rectificarlas, pero ya no me afectará a mi, sino al que venga detrás. Es desear independencia de organismos, es pedir la crítica constructiva, es legislar pensando en cómo es la sociedad, no en cómo debería ser, según nuestras creencias personales. Es contribuir a mejorar leyes que no nos gustan. Son muchas cosas, pero perfectamente posibles.

Así que no estoy de acuerdo con Amaral, pero tal vez sea necesario que hagan lo que han hecho. Tal vez pensemos que no merecen segunda oportunidad, pero cuidado con que se nos vaya la mano, puede que acabemos haciéndonos daño a nosotros mismos.

Como sociedad deberíamos darnos una segunda oportunidad, con criterios humanos pero también implacables.

Nota: Hay algo maravilloso para una madrileña en asistir a un TEDx en una ciudad como Murcia: su tamaño y sus habitantes.
Lo siento, pero de Madrid (ciudad que amo e idolatro) venimos demasiado resabiados e hiperinformados. Estar un rato entre gente inteligente libre de todos esos prejuicios es la mar de saludable.

2 comentarios:

  1. Gracias por sumarte a esta línea... estimada Elena... te remito a mi blog de Responsabilidad Social de las Empresas donde he creado una entrada para comentar la tuya. Muchas gracias por tan excelente entrada.

    http://responsabilidadsocialdelasempresas.blogspot.com.es/2014/04/la-necesidad-de-una-ley-de-segunda.html

    Lo dicho, Elena, muchas gracias por tu sensibilidad y empatía. Un abrazo,

    Francis Mtnez. Segovia
    @fjmsegovia

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  2. Gracias a ti Francisco, son muy amables tus palabras.
    Tras leerte creo que hay un libro que puede interesarte e igual has leído: http://www.casadellibro.com/libro-la-molecula-de-la-felicidad/9788415732006/2036655
    Te prometo que no es de autoayuda aunque portada y título indiquen lo contrario.
    Bienvenido
    Elena Alfaro

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