Sub-cabecera

Citado en el libro "De qué hablo cuando hablo de correr" H. Murakami

sábado, 6 de abril de 2013

Cuestas. Breves

Una mujer mayor en un cruce de calles, parada en la calzada. No sé cuánto tiempo lleva allí plantada. En el centro una glorietas pequeña, y cuatro calles, dos de ellas con una pendiente endemoniada.
Al pasar un vehículo junto a ella, gesticula moviendo sus brazos, parecería que se ha asustado, que no lo ha visto venir. El vehículo prosigue la marcha y gira en una de las calles, la mujer le vuelve la espalda y sigue mirando a un lado y otro gesticulando. El coche se detiene un poco más arriba, el conductor mira por el retrovisor y cambia el sentido de la marcha. Despacio llega hasta la altura de la mujer, baja la ventanilla y pregunta: ¿Se encuentra bien? ¿Necesita ayuda?.
Una mirada implorante y simplemente dice: no puedo subir la cuesta.
El coche reanuda la marcha con la anciana dentro. Se detiene al final de la cuesta, aparca mal, pero a estas alturas se le perdona todo. Se bajan. El piloto acompaña a la mujer hasta la entrada del portal, porque también ante su portal hay un trecho de escaleras. Ella mira agradecida, juraría que llora.

La vida es una mierda cuando la edad se junta con la soledad y las cuestas.

2 comentarios:

  1. Anónimo7/4/13 23:52

    La empatía es una cualidad universalmente admirada. La mayor parte de las religiones y de los sistemas morales propugnan el amor al prójimo, la compasión, el ponerse en el lugar del otro... En fin, lo que habitualmente entendemos por empatía.

    Cada uno de nosotros se motiva por cosas diferentes y admira modelos sociales y personales distintos. Pero, uno de los comportamientos más generalmente admirados son los empáticos.Sí, admiramos a las personas capaces de ponerse en el lugar del otro, de sentir el miedo, el dolor, o el deseo que siente el otro.

    La psicología, la antropología, la biología evolutiva... será difícil no encontrar una disciplina relacionada con el hombre (con el ser humano) que no se haya preocupado por la empatía. Pero, ¡oh gran sorpresa!, la neurofisiología ha hecho irrupción con una aportación que nos permite ir un poco más allá: sí, me refiero a las "neuronas espejo".

    Las neuronas espejo tal vez terminen siendo sólo una moda pasajera, pero los experimentos conocidos hasta ahora no pueden ser más prometedores: que seamos capaces de sentir, de pensar, de sufrir como sienten los otros a los que vemos o percibimos, depende de la activación de nuestras neuronas espejo.

    Y aunque las neuronas espejo se localicen en unas zonas precisas del cortex, resulta que tienen una estrecha conexión con el sistema límbico, con el cerebro que rige nuestras emociones.

    Y, ahora viene lo mejor, al igual que otras funciones mentales pueden estimularse por el ejercicio, resulta que, según parece, también el desarrollo, la activiación o el número de conexiones de nuestras neuronas espejo puede mejorar con su ejercitación.

    Tratemos, por tanto, de observar a los demás, tratemos de pensar y sentir lo que piensan, esperan o temen. Así,entrenaremos nuestras neuronas espejo y, tal vez, podamos ser, poco a poco, más empáticos: ayudaremos a más personas a subir sus cuestas y, quién sabe, tal vez podamos todos ser un poquito más felices.

    Un saludo.- Anguebus

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. "Amarás al prójimo como a ti mismo". Nos lo pusieron difícil pero no imposible, venimos con el kit básico integrado de serie.
      Había oído hablar de las neuronas espejo, pero no lo enfoqué en ese aspecto, sólo en el del aprendizaje en general. Podríamos decir entonces que personas empáticas hacen nuevas personas empáticas.
      En el fondo ser un buen samaritano demuestra mucha inteligencia. Antes o después todos vamos a encontrarnos con una cuesta insalvable en nuestro camino.
      Tan difícil es ayudar a otro a subirla, como aceptar con alegría y humildad la ayuda que nos ofrecen.
      Muchas gracias por comentar, es un placer leerte.

      Eliminar

Share This