Me cuesta mucho escribir esta entrada, pero llevo varios días dándole vueltas, desde que leí en twitter un cruce de mensajes sobre la práctica del "escrache".
No tenía ni idea de lo que era, tan sólo deducía que en el caso concreto de la "conversación" a la que asistía como espectadora silenciosa, era algo relativo a los desahucios.
He buscado y leído lo que se ha publicado al respecto. Para todos aquellos que, como yo hasta hace dos días, ignoráis lo que significa el término"escrache" os diré que es un tipo de protesta surgida en Argentina, en la que ésta se traslada hasta el domicilio o lugar habitual por el que pasa el supuesto responsable del descontento.
Mis sentimientos con el drama de los desahucios son contradictorios. Por un lado no puedo evitar empatizar con los que lo sufren, al no imaginarme un drama más espantoso que verte en la calle con tus hijos, y encima una deuda horrorosa, como si la vida se cebara en tu desgracia añadiendo una nota de humor macabro al daño que te inflige.
Cuando tuve conocimiento (el vídeo) de que los bomberos estaban empezando a negarse a echar puertas abajo con motivo de desahucios, me emocioné mucho, lo reconozco. Sentí que, salvando la inmensa distancia que separa ambas cuestiones, sucedía algo similar a lo ocurrido con Miguel Ángel Blanco, era un momento en que éramos una sociedad a la que nos importaban las cosas de los demás, éramos un grupo de personas hermanadas, en las que unos y otros se apoyaban para sumar miedos e insuflarse valor. Todos juntos, tratando de impedir que nuestra indiferencia se convirtiera en el sufrimiento de más personas.
Eso vi, y eso sigo viendo.
Y son ambivalentes mis sentimientos, porque entiendo que el sistema que hemos creado (hayamos participado o no en su creación, el caso es que no hemos hecho demasiado por cambiarlo hasta ahora) ha de modificarse cuidadosamente para no producir más daño que beneficio. Esa necesaria precaución echará por tierra las esperanzas de muchos.
El problema es peliagudo porque ¿quién es el guapo que pretende aplicar medidas extremas al común, cuando tenemos a los padres de la patria dando un ejemplo diario de podredumbre?
¿cómo evitar pensar, que lo que das con tu esfuerzo se lo lleva el ladrón? y lo que es aún más doloroso, ¿cómo perdonarles habernos llevado con sus actos a una situación en la que los ciudadanos creemos que todos son sinvergüenzas?
Pero llega el "escrache". Entiendo perfectamente la frustración que se siente cuando haces lo correcto y te ignoran los que deberían escuchar. Lo sé en primera persona. Sigo sin haber recibido ni el acuse por parte del Ministerio ni de las consejerías de educación. Muchos de los diputados a los que envié la enmienda e emails, han tenido la arrogancia y mala educación de ni siquiera enviar respuesta de plantilla.
En mi caso esa indignación se traducía automáticamente en aumentar mi decisión de seguir, en cabezonería, en un "no me voy a cansar antes que vosotros". Sé que mi particular batalla es mucho menos urgente y dramática que el asunto de los desahucios, pero creo honestamente que el "escrache" no es admisible en una democracia.
Los diputados no deben tener más derechos ni estar en mejor posición ante la justicia que cualquiera de los ciudadanos, porque sencillamente primero son ciudadanos y luego representantes, pero tampoco deben tener menos.
La ILP (iniciativa legislativa popular) sobre la ley de desahucios se va a debatir, ese es un avance y si durante el debate, se rechaza o modifica, es parte del juego democrático y habrá que seguir luchando por mejorarlo. Tratar de imponer una visión concreta, aunque sea por motivos honorables, es, desde mi modesta opinión, una violencia nada deseable contra la libertad.
Señores diputados, aprendan a leer las señales, y den de una vez muestras claras de que respetan y les importan aquellos que les han dado razón de ser. No se puede gobernar una sociedad a golpe de algarada, pero a veces, dejan muy pocas opciones.